El humo de los disparos flotaba en el aire estancado del garaje, mezclándose con el olor a gasolina y el frío metálico de los coches blindados, me quedé agachada detrás del neumático del todoterreno, sintiendo cómo el corazón me golpeaba las costillas con una violencia que amenazaba con romperme, Viktor se había ocultado tras una columna de hormigón a pocos metros, y aunque no podía verlo, escuchaba su respiración agitada, esa misma respiración que hace unos segundos había estado en mi nuca prometiéndome el final, pero lo que realmente me mantenía paralizada no era la pistola de mi enemigo, sino la figura de Nikolai parado bajo las luces fluorescentes, rodeado de hombres armados que no llevaban el escudo de la Bratva, sino una insignia gris, gélida y oficial, la mirada de mi esposo recorrió el lugar hasta que dio conmigo, y en sus ojos azules no encontré el alivio del rescatador, sino la decepción profunda de un hombre que se siente traicionado por todos los flancos.
—Baja el arma Vi