Luca
El sabor metálico de la sangre inundó mi boca mientras intentaba mantenerme consciente. La lluvia caía implacable sobre mi rostro, mezclándose con el rojo que manaba de mi ceja partida. Tres hombres me habían emboscado en el callejón trasero del restaurante donde acababa de reunirme con uno de nuestros proveedores. Estúpido. Bajé la guardia.
—Luca Ricci, el perro guardián de los Moretti —escupió uno de ellos, acercándose con una navaja que brillaba bajo la tenue luz de la farola—. O debería