Isabella
El salón privado del restaurante Bella Luna estaba impregnado de poder y testosterona. Cinco hombres de edades diversas pero con la misma mirada calculadora ocupaban sus lugares alrededor de la mesa de caoba. Todos vestían trajes impecables que ocultaban sus pecados bajo capas de seda italiana. Ninguno portaba armas visibles, pero sabía que cada uno tenía al menos tres guardaespaldas apostados estratégicamente en el perímetro.
Yo era la única mujer en la habitación.
Ajusté mi vestido n