Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Isabella Moretti muere, su hermana menor queda atrapada en un destino que jamás eligió: ocupar su lugar y casarse con el hombre que fue su cuñado. Alessandro De Luca nunca ocultó su desprecio. Para él, Amelia Moretti no solo era una mujer poco agraciada, sino también la responsable silenciosa de la tragedia que le arrebató al amor de su vida. Casarse con ella fue un deber, no una elección… y jamás pensó tocarla. Amelia, en cambio, lo había amado en silencio durante años. Aceptó el matrimonio aun sabiendo que su esposo la miraría con frialdad, convencida de que el tiempo podría suavizar su odio. Pero todo se quiebra cuando Alessandro le anuncia que quiere el divorcio para casarse con su amante. La mujer que le dará un hijo. Humillada, herida, pero no vencida, Amelia decide cambiar su aspecto, pero en el camino se da cuenta que, vale más de lo que imaginaba y ahora es ella quien quiere divorciarse, provocando que Alessandro despierte en él una obsesión que no sabía que sentía por su esposa y ahora es él quien la quiere de vuelta. ¿Ella aceptará volver con él hombre que tanto daño le ha hecho? ¿O continuará con el divorcio sin importarle absolutamente nada?
Leer másGinevra se volteó con una lentitud calculada, permitiendo que la luz tenue de las lámparas de diseño de la estancia se reflejara en sus ojos brillantes por las lágrimas contenidas. Caminó hacia él con una parsimonia que crispaba los nervios de Alessandro, sosteniendo la prueba de embarazo entre sus dedos. Al llegar frente a él, se la tendió con una indiferencia gélida que contrastaba con la tormenta que se desataba en el interior del hombre. Alessandro arrebató el papel de sus manos con un gesto cargado de rabia, sintiendo que el pulso se le aceleraba violentamente mientras sus ojos recorrían el resultado positivo. El silencio en el departamento era asfixiante, solo roto por el sonido de la respiración agitada de Alessandro, quien apretaba el papel hasta arrugarlo, deseando que esa realidad simplemente desapareciera bajo la presión de sus dedos.—Necesito que te hagas cargo de este embarazo de inmediato, Alessandro. No voy a ser la otra mientras tú juegas a la familia feliz. Quiero q
Alessandro apretó los dientes con una fuerza tal que sintió un dolor agudo irradiando hacia su mandíbula. La sangre parecía hervirle en las venas y la cabeza comenzó a darle vueltas, sumiéndolo en una espiral de incredulidad y rabia contenida. ¿Cómo mierda era posible que esto estuviera ocurriendo precisamente ahora? Repasó mentalmente cada encuentro, cada noche compartida en la , y la seguridad de sus actos lo golpeó: ni una sola vez, ni una maldita vez, se había descuidado con ella. Siempre había sido meticuloso, siempre había usado protección para evitar cualquier lazo permanente que lo atara a Ginevra, y ahora ella venía a soltarle una noticia que amenazaba con dinamitar su mundo. Un sudor frío le recorrió la espalda, calando su camisa de seda. El tiempo no podía ser más cruel; justo cuando Amelia estaba embarazada de su heredero legítimo, justo cuando ella había decidido bajar la guardia y perdonar años de desplantes las consecuencias de sus errores lo golpeaban.—Necesito salir
Vittorio abrió la puerta de la habitación de la clínica con un movimiento suave, casi quirúrgico, sintiendo cómo el característico olor antiséptico y el aire filtrado flotaban a su alrededor, impregnando sus ropas. Caminó con pasos lentos y amortiguados por el piso de vinilo hasta llegar al costado de la cama donde, bajo una luz blanca y mortecina, yacía Isabella Moretti. Ella estaba allí, sumergida en un coma profundo que parecía eterno, una quietud absoluta que contrastaba con la turbulencia de los años que habían pasado. Vittorio apretó los puños con una fuerza que le hizo clavar las uñas en las palmas de las manos, sintiendo una furia gélida recorrerle la columna. Para él, ver a su Isabella en ese estado era un recordatorio constante de su fracaso y del accidente que lo cambió todo, un desastre que él atribuía enteramente a la intervención de la mojigata de Amelia. No veía la hora en que ella despertara, que esos ojos volvieran a abrirse para retomar el control de la vida que les
Alessandro sostuvo a Amelia entre sus brazos con una firmeza protectora mientras bajaba del auto, asegurándose de que cada uno de sus movimientos fuera lo más suave posible. Amelia rodeó su cuello con las manos, ocultando su rostro en el hueco de su hombro mientras sentía el corazón latiéndole con una fuerza incontrolable; no era solo la emoción de estar de regreso, sino una vibración caliente y persistente en su vientre que le recordaba a cada segundo la vida que crecía en su interior. Habían vuelto a Milán después de los turbulentos días en Dubái, dejando atrás el caos y el miedo. Zayed había caído en manos de las autoridades locales inicialmente gracias a las grabaciones de seguridad del hotel que captaron su entrada forzada a la suite, pero Alessandro, se había encargado de que el hombre desapareciera de la faz de la tierra apenas unos días después de su arresto. Lo que Zayed le había hecho a Amelia, el atrevimiento de ponerle una mano encima y poner en riesgo su embarazo, no tení
Último capítulo