Sola

Amelia sintió que el piso bajo sus pies se movía de una forma violenta. Su corazón se detuvo por un par de segundos, dejando un vacío helado en su pecho, y las lágrimas empañaron sus ojos enseguida, nublándolo todo. ¿Un hijo? La familia que ella tanto había deseado, ese sueño que alimentó en silencio durante tres años de rechazos, él lo construiría ahora con otra mujer. El salón, que hasta hace un momento estaba lleno de música suave y murmullos constantes, pareció sumirse en un silencio sepulcral. Los invitados, testigos de la desfachatez de Alessandro, contenían el aliento mientras observaban la escena con una mezcla de morbo y asombro. Nadie esperaba que el heredero de los De Luca fuera tan brutal frente a su propia esposa, rompiendo cualquier rastro de decencia en medio de la fiesta de sus padres.

—Un hijo —susurró Amelia, y la palabra se instaló en su lengua como un sabor amargo que no podía tragar.

—Así es —sentenció Alessandro, disfrutando de la crueldad de sus palabras y, sobre todo, de ver a su esposa tan derrotada ante sus ojos. No había ni una pizca de arrepentimiento en su mirada, solo esa satisfacción oscura de quien finalmente da el golpe de gracia.

Ginevra, sintiéndose la reina de la noche, se acarició el vientre aún plano con un gesto posesivo y arrogante. Miró a Amelia de arriba abajo, deteniéndose con desprecio en su ropa holgada que parecía ocultar a una mujer sin vida, y soltó con una voz cargada de veneno:

—No te lo tomes personal, querida. Simplemente soy la mujer que él ama, y tú solo eres una esposa por contrato. Tuviste todo tu tiempo para estar con él, años para intentar conquistarlo, pero no lo aprovechaste. Mírate, no tienes nada que ofrecerle a un hombre como Alessandro. ¿Por qué no firmas los papeles del divorcio de una buena vez y nos dejas en paz? Tu presencia aquí no hace más que incomodarnos a todos.

Valerio no pudo aguantar más la rabia que le subía por el cuerpo. Sin decir una sola palabra, y con un golpe que Alessandro no esperó, impactó su puño contra la mejilla de su hermano, desestabilizándolo por completo. Alessandro retrocedió varios pasos, sujetándose la cara con sorpresa antes de lanzarse sobre Valerio con los ojos inyectados en furia. Ambos empezaron a golpearse en medio del salón, derribando una mesa y haciendo que las copas de cristal estallaran contra el suelo. Los invitados gritaban y se apartaban mientras los hermanos se enredaban en una pelea salvaje.

—¡Basta! ¡He dicho que basta! —gritó Alessandra, metiéndose en medio de los dos con una fuerza impresionante y separándolos de un empujón.

La mujer estaba pálida de la rabia. Se giró hacia Alessandro y lo miró como si no lo reconociera, con una severidad que lo obligó a quedarse quieto a pesar de la sangre que asomaba por su labio.

—No voy a permitir que traigas a tus amantes a mi casa, Alessandro. No bajo mi techo y mucho menos para montar este espectáculo —dijo Alessandra, y luego miró a Ginevra con un asco evidente—. Y tú, no te confundas ni un solo segundo. La familia De Luca no aceptará jamás a un hijo que no venga del vientre de la legítima esposa de mi hijo. Y tú, claramente, no lo eres. Para nosotros, ese niño no existe ni tendrá un lugar en nuestro apellido.

Ginevra quiso protestar, pero Alessandro la tomó del brazo con fuerza, dándose cuenta de que ya no tenía sentido seguir allí. Alessandra no perdió el tiempo; se dirigió a los invitados y anunció que la fiesta se había terminado, pidiéndoles a todos que se marcharan de inmediato. La mansión, que minutos antes estaba llena, quedó casi desolada.

Alessandra guió a Amelia hacia el interior de la casa, lejos de los ojos curiosos. La pobre Amelia no dejaba de temblar; sus manos eran dos piezas de hielo y el aire le faltaba en los pulmones. En cuanto estuvo a solas con Valerio y su suegra en una de las salas privadas, se dejó caer en un sofá y comenzó a llorar con un desconsuelo que le desgarraba la garganta. Era un llanto que venía desde lo más profundo, acumulado por años de ser invisible y despreciada.

—No entiendo por qué me hace esto, Alessa. No lo entiendo —decía entre sollozos, logrando que la mujer mayor la mirara con una lástima profunda.

—Porque es un maldito imbécil que no ve el oro que tiene en sus manos, Amelia. No dejes que te humillen de esta manera y tampoco dejes que él se salga con la suya. Tienes que reaccionar, hija —le dijo la mujer, tomando su mano con firmeza para tratar de transmitirle algo de fuerza.

Amelia soltó un suspiro largo y pesado, sintiendo que el peso del mundo la aplastaba. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, pero sus ojos seguían vacíos.

—Necesito estar sola —murmuró, levantándose con dificultad.

Valerio se ofreció enseguida para acompañarla, preocupado por el estado en el que se encontraba, pero ella se negó con un movimiento de cabeza.

—Iré a casa de mis padres. Necesito ver a mi madre —dijo Amelia, buscando instintivamente el refugio de su familia, creyendo que allí encontraría el abrazo que tanto necesitaba para no terminar de romperse.

Manejó por las calles de Milán como una autómata, sin ser consciente del camino, con el sonido de las palabras de Ginevra repitiéndose en su cabeza. Cuando llegó a la casa de los Moretti, entró apresuradamente, buscando consuelo.

Encontró Berenice, su madre en la estancia y, con el rostro bañado en lágrimas, se lanzó a contarle lo ocurrido.

—¡Mamá! Alessandro... él tiene a otra mujer. Va a tener un hijo con ella y me pidió el divorcio delante de todo el mundo en la fiesta —exclamó Amelia, esperando que su madre la rodeara con sus brazos y la protegiera del mundo.

Pero el consuelo nunca llegó. En su lugar, Amelia sintió una bofetada seca y violenta que le cruzó la cara, desestabilizándola por completo. Se tambaleó hacia atrás, chocando contra un mueble mientras se llevaba la mano a la mejilla que empezaba a arderle con intensidad. Miró a su madre con los ojos desorbitados, sin poder procesar lo que acababa de pasar.

—¿Pensaste que ibas a ser capaz de meterte en su cama al menos una vez? ¿De seducirlo? —le gritó su madre con un odio que la dejó helada—. Todo este tiempo y ni para eso serviste. Tanto que nos costó que te aceptara después de que asesinaste a tu hermana para nada. ¡Eres una inútil!

—Mamá, fue un accidente... yo no quise que Isabella... —intentó decir Amelia con la voz quebrada.

—¡Cállate! Isabella habría sabido perfectamente cómo manejar a un hombre como él. Ella sí sería la madre del heredero de los De Luca ahora mismo. ¿De verdad vas a dejar que esa mujer te lo quite todo así de fácil? ¡Escúchame bien, Amelia! ¡Si él te deja, si permites que ese matrimonio se acabe, te olvidas por completo de que somos tus padres! No queremos a una fracasada en esta familia. Si pierdes a Alessandro, pierdes esta casa y nos pierdes a nosotros. ¡Lárgate de mi vista!

Amelia se quedó allí de pie, sosteniéndose la mejilla con los dedos, sintiendo cómo el último pedazo de su mundo se terminaba de derrumbar. Estaba sola. Sin esposo, sin hogar y repudiada por sus propios padres. El silencio de la casa Moretti se volvió tan asfixiante como el de la mansión De Luca, y Amelia comprendió que ya no tenía a nadie en quien confiar.

Naulis machado

Holis.... Se que andaba perdida pero a partir de hoy subiré diariamente por aquí. No sé olviden dejar sus reseñas en el inicio de la novela y sus votos al final del capítulo... Las quiero.

| 95
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
maryta saboya tangoaQue mal como lo van a tratar así su propia familia
Lisseth Camposhay naulis descargue la app solo para leer esta historia pero realmente que fuerte todo lo que pasa la pobre Amelia
Rosi Lumbihay Alessandro te va a faltar piso para arrastrarte
Rosi Lumbillore a mares con este cap
Evelin MontenegroEl cuñado es lindo con ella
Evelin Montenegroseguro ella es adoptada para q su madre la trate asi de feo
Evelin Montenegrosera q es Adoptada para q su madre la trate asi tan mal.
Evelin MontenegroEse hombre no merece perdon
Fany Hndzy si familia que ni ayuda mucho pobre
Fany Hndzlas palabras hirientes de la loca esa que dieron en el punto exacto donde más duele
Fany Hndzpobre Amelia con un golpe tan bajo de alguien a quien ama
Monse Moreirapobrecita Amelia se dejo pisotear de todos la madre otra q me cae mal
Monse Moreiralo bueno que la suegra está con Amelia
SHIRLEY XRUZQue linda mamá tiene Amelia...
Escanea el código para leer en la APP