—¿Pero de verdad tienes que asistir? —preguntó Valerio, cruzando los brazos sobre el pecho y apoyándose en el marco de la puerta del vestidor. Sus ojos oscuros seguían cada movimiento de Ginevra con una mezcla de celos posesivos y adoración—. Cuidado con lo que haces allá, Gin.
—Sí, mi amor. Amelia organizó la despedida de soltera, no la voy a dejar mal —respondió ella sin darse la vuelta, concentrada frente al gran espejo iluminado.
Ginevra se estaba aplicando los últimos toques de maquillaje.