El automóvil deportivo del joven rugió por las calles iluminadas de Milán, acortando la distancia hacia uno de los hoteles más discretos y lujosos de la ciudad. El trayecto había estado impregnado de una tensión silenciosa, un juego de miradas de reojo donde el deseo y la audacia competían. Cuando el vehículo se detuvo en el estacionamiento privado y ambos subieron en el ascensor hacia la suite, la realidad de lo que estaba a punto de suceder comenzó a asentarse en la mente de Alessandra.
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