Mundo ficciónIniciar sesiónLira creyó tenerlo todo: un amor, un futuro, una vida sencilla pero feliz al lado de Simon. Pero su cuento de hadas se desmoronó en la más cruel de las humillaciones: él la abandonó en el altar por una rubia de apellido y fortuna, dejándola con un corazón roto y un secreto que crecía en su vientre. Despojada de su dignidad, Lira se encuentra a la deriva, enfrentando la aterradora realidad de criar sola al hijo de un traidor, y el inminente ataque de la poderosa familia de Simon, dispuesta a arrebatarle a su bebé. En medio de su desesperación, una figura imponente emerge de las sombras: Knox Spencer, el implacable magnate que también fue humillado públicamente... por la misma mujer que robó el futuro de Lira. Knox le ofrece un pacto helado: un matrimonio de conveniencia, una alianza fría para vengar sus respectivos abandonos y destruir a quienes los subestimaron. Lira, inicialmente reacia a adentrarse de nuevo en el mundo de apariencias y ambición que tanto daño le causó, se ve obligada a reconsiderar cuando la cruda realidad de su embarazo la golpea. Acepta el trato, pero con una única y férrea condición: Knox debe proteger a su hijo, darle su nombre y convertirse en un escudo impenetrable contra cualquiera que intente arrebatárselo. Ahora, Lira es la señora Spencer, envuelta en un lujo que detesta y atada a un hombre de acero con una mirada gélida. Simon en desacuerdo con la unión, intenta separarlos sin saber que Lira lleva un doble secreto: el anillo de Knox en su dedo... y su propio hijo creciendo bajo el corazón de una novia sustituta. ¿Qué sucederá cuando la delgada línea entre la resistencia y una atracción inesperada comience a desdibujarse en el frío matrimonio con Knox Spencer?
Leer másPOV LIRAEl eco de la puerta del coche patrulla al cerrarse todavía resuena en mis oídos como un disparo. Me encuentro de pie en el centro del gran salón, rodeada de una opulencia que ahora se siente como un escenario de teatro tras el final de una tragedia. Las luces de la mansión parecen demasiado brillantes, demasiado blancas, exponiendo cada grieta de mi vida desmoronada.Mis manos todavía huelen al antiséptico que usé para limpiar los nudillos de Knox. Ese olor me persigue mientras subo las escaleras mecánicamente para revisar a los bebés. Analia y Lucas duermen, ajenos a que su mundo acaba de ser decapitado. Knox, el hombre que movía los hilos de esta ciudad, está en una celda, y yo estoy aquí, sosteniendo un teléfono que parece pesar una tonelada.Llamo a los abogados de Knox. El número de emergencia que él me obligó a memorizar.—Sr. Spencer... —comienza una voz masculina, tensa y profesional.—No es Knox. Es Lira —mi voz tiembla, pero me obligo a mantenerme firme—. Se lo
POV NARRADOR El eco del último golpe aún vibraba en las paredes del salón de música cuando el silencio regresó, pesado y denso como el humo. Simon White estaba desplomado contra la base de una columna de mármol, con la respiración entrecortada y un hilo de sangre corriendo desde su ceja hasta su impecable camisa gris. Knox, de pie frente a él, tenía los nudillos destrozados y el pecho agitado, luciendo como un ángel caído que acababa de reclamar su cuota de venganza. —Vete de mi casa —sentenció Knox, su voz era un siseo gélido—. Si vuelves a cruzar este umbral, no será a la policía a quien llames, sino a una funeraria. Simon, con un esfuerzo supremo, levantó la vista. A pesar del dolor, una sonrisa sangrienta apareció en su rostro. Sabía algo que Knox, cegado por la rabia, había pasado por alto. —Has perdido, Spencer —susurró Simon antes de escupir sangre en la alfombra—. Esto es justo lo que quería. El chofer de Simon, que había entrado al escuchar el estrépito tras burlar
POV LIRA El aire en la mansión se ha vuelto irrespirable. La demanda de ADN descansa sobre la mesa del vestíbulo como una granada con la anilla arrancada, esperando el momento exacto para fragmentar lo poco que queda de mi cordura. Knox ha salido a una reunión de emergencia con sus abogados, dejando la casa blindada por un ejército de hombres de negro. Pero sé, por experiencia, que no hay muro lo suficientemente alto para detener a un hombre que se cree dueño del destino. Estaba en el salón de música, observando a Lucas y Analia dormir en sus moisés portátiles. El silencio era casi doloroso cuando, de repente, la puerta se abrió. No fue el paso pesado y autoritario de Knox, ni el caminar ligero de la niñera. Fue un paso pausado, rítmico, cargado de una confianza depredadora. Me puse de pie de un salto, protegiendo las cunas con mi propio cuerpo. —¿Cómo entraste aquí? —mi voz sonó como un látigo en el vacío. Simon White estaba de pie en el umbral, luciendo un traje gris oscu
POV NARRADOREn la penumbra de un despacho privado que olía a incienso y ambición, Annabell White observaba el perfil de su esposo, Simon. La luz de la tarde se filtraba por las persianas, dibujando rayas de tigre sobre la alfombra de piel. Annabell sostenía una carpeta de cuero con una elegancia depredadora. Había pasado semanas moviendo hilos, pagando a informantes en los hospitales y rastreando los movimientos de los Spencer.—Están de vuelta, Simon —dijo ella, su voz era un susurro cargado de veneno—. Lira regresó a la mansión de Knox hace dos semanas. No llegó sola.Simon, que servía un vaso de bourbon con parsimonia, se detuvo a mitad del gesto. Sus ojos, tan parecidos a los de Knox pero cargados de una indolencia cínica, se clavaron en su esposa.—Knox la encontró. No es una sorpresa. Ese hombre no sabe soltar lo que cree que le pertenece.—No lo entiendes —Annabell caminó hacia él y dejó una fotografía sobre la mesa. Era una imagen borrosa de Lira bajando del jet privado,
POV NARRADOR Si Maura era el veneno, la mujer que acababa de cruzar el umbral de la mansión era el antídoto que mataba al paciente. Estela Spencer no caminaba; colonizaba el espacio. Vestida con un traje de sastre gris perla, con cada cabello en su sitio y una mirada que había congelado las ambiciones de hombres poderosos durante décadas, la madre de Knox entró en la sala con la autoridad de quien sabe que es el origen de todo ese imperio. Knox estaba en su despacho, pero el anuncio de la llegada de su madre lo hizo salir de inmediato. Lira, por su parte, estaba en el salón secundario, intentando darle el biberón a Analia, mientras Lucas descansaba en una hamaca eléctrica a su lado. La paz de la tarde se evaporó en el momento en que la fragancia clásica y asfixiante de Estela inundó la estancia. —Así que es cierto —dijo Estela, deteniéndose a unos metros de Lira. No miró a los bebés primero. Sus ojos se clavaron en Lira con un juicio tan afilado que el aire pareció cortarse—.
POV NARRADOR La tarde caía sobre la mansión Spencer con una pesadez asfixiante. Lira se encontraba en el gran salón, intentando leer un libro mientras los bebés dormían en la habitación contigua bajo la atenta mirada de la niñera. Su resistencia silenciosa seguía intacta; era un fantasma que habitaba un palacio, moviéndose con una elegancia gélida que desquiciaba a Knox. El silencio fue roto no por una voz, sino por el sonido de unos tacones afilados repicando contra el mármol del vestíbulo. Lira no levantó la vista, asumiendo que era alguna empleada, hasta que una voz cargada de veneno y familiaridad inundó el espacio. —Pero miren qué tenemos aquí. La esposa fugitiva ha vuelto. Lira cerró el libro lentamente y levantó la vista. Maura estaba de pie en medio del salón, luciendo un vestido de diseñador color esmeralda que gritaba opulencia. No parecía una visitante; se movía con una soltura que indicaba que había pisado esa alfombra muchas veces en los últimos meses. Dejó su bol





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