La luz. Ese fue el primer cambio brutal. Ya no era el tenue resplandor que se filtraba por los respiraderos altos de la guarida, sino un baño dorado y controlado que inundaba la suite circular desde la cúpula de cristal. La habitación misma era un mecanismo de precisión, un reloj caro cuyo tictac era el casi imperceptible zumbido del sistema de climatización. Yo era el péndulo atrapado en su interior.
Mi despertar no era orgánico. Estaba dictado por Elara. A las 07:00 en punto, la puerta se abr