El cambio no fue anunciado. Una mañana, la enfermera Elara llegó acompañada no por un guardia, sino por dos. Tras realizar su ritual silencioso de conexión y limpieza, en lugar de salir, se hizo a un lado.
—Hoy se muda, señora Luksyc —dijo, con su tono profesional e impasible—. Por favor, no se resista. Será más fácil para todos.
No había fuerza en mí para resistir, ni siquiera para preguntar. Mis piernas temblaban al ponerme de pie, el tubo aún conectado a la bomba portátil que uno de los guar