La luz de la tarde se filtraba por la ventana de la habitación de hospital, bañando la figura inmóvil de Tomás en un tono dorado y triste. Alma tomó su mano, ya sin vendas pero aún pálida y flácida, y comenzó su ritual diario de confesiones.
“Hoy quiero contarte cosas que no estaban en tus informes, Tomás. Cosas que solo yo sé.”
Su voz era diferente ahora. Ya no tenía el filo cortante de las primeras semanas, sino la textura áspera de quien está reconstruyendo su verdad piedra por piedra.
“Empe