El cambio no fue una decisión consciente, sino una evolución natural, como el cauce de un río que encuentra una grieta en la roca y decide fluir por ella. Hoy, sentada en mi incómoda pero familiar silla de vinilo junto a tu cama, abrí la boca para nuestro monólogo de siempre y las palabras se amontonaron en mi garganta. Un enjambre desordenado de confesiones, observaciones banales y recuerdos afilados que se negaban a salir. Hablar de pronto me pareció insuficiente, casi frívolo. Mis palabras,