Capítulo 26 — La Forma De Las Rendijas.
El sueño me afloja los músculos, pero no la vigilancia. Wilson amanece pegado a mi pantorrilla, con esa respiración más pesada que le queda después del susto.
Lo de día que le prometí a Tomás no se negocia. Lo cito en un lugar sin ventanas a la calle, un café que sobrevive a fuerza de empanadas y radio encendida. Nos sentamos ahí. Él llega con el vendaje firme y esa forma de pararse como si el mundo fuera su corredor. Pregunta con los ojos antes que con la boca.
—Wilson está vivo —digo, sin pr