Capítulo 25 — Lo que se llevan sin hacer ruido
Me despierta el trotecito de siempre: uñas pequeñas sobre parquet. El olor a jabón de la noche anterior todavía flota en el departamento. Preparo café. Reviso el correo: “recibido, en análisis”, dice el sistema sobre Arturo. Guardo el celular y salgo. Wilson me sigue hasta la puerta y se queda sentado, con la cabeza ladeada.
—Vuelvo temprano —prometo.
El hospital respira con su ritmo habitual. Paso por Calidad, dejo mi bolso, me pongo la credencial