Tres días pueden parecer una eternidad o un suspiro, dependiendo de cuánto te estés jugando. Para nosotros, fueron un suspiro. Cada hora estaba medida, cada movimiento planeado con precisión casi quirúrgica. Nadie dormía del todo. Nadie reía sin que el eco sonara forzado. Sabíamos que era ahora o nunca.
Cuando entramos en la finca, lo hicimos como espectros. Sin un solo ruido, sin dejar huellas. Yo respiraba lento, el cuerpo tenso pero firme. Había repasado los planos tantas veces que podía rec