4 meses más tarde
—Ese es demasiado rosa —dije, señalando el body con volantes que Lara sostenía como si fuera una obra de arte.
—¡Pero es adorable! —replicó, indignada—. Tiene orejitas.
—Justamente, ¿Orejitas? No estamos comprando un disfraz de conejo, Lara.
—Bianca, esto es ropa de bebé. No hay forma digna de salir de esta tienda —suspiró, colgando la prenda de vuelta mientras yo reía.
Llevábamos media hora dando vueltas por aquella boutique pequeña del pueblo, una de esas con decoración mini