La mañana se levantó con un cielo ceniza que parecía anunciar que el día traía algo más que rutina. El contacto seguía atado en el cuarto del sótano, y aunque sus labios se habían mantenido cerrados durante horas, el ambiente en la casa era de tensión sostenida. La paciencia de Viktor y Pavel no era infinita, y Nikolay, aunque callado, no dejaba de mover los dedos como si calculara los minutos.
Yo observaba desde la puerta. No me habían dejado bajar al interrogatorio, pero tampoco me había qued