La noche cayó sobre la finca como una manta espesa, silenciosa. Afuera, el bosque parecía contener la respiración, mientras dentro, las luces cálidas no bastaban para disimular la tensión en el aire.
Bianca caminó junto a Nikolay por el pasillo que llevaba al ala este de la casa. Iba vestida con ropa negra ajustada, botas de suela gruesa y el pelo recogido en una coleta alta. No era una invitada. No era una novia. Era parte del frente.
Al llegar a una gran sala de techos altos y paredes forrada