Mundo ficciónIniciar sesiónGianna Toricelli ha sobrevivido toda su vida ocultándose tras máscaras. De día, es la hija decepcionante que intenta que su madre moribunda se sienta orgullosa de ella. De noche, baila bajo luces de neón para pagar unas deudas que podrían costarles la vida a sus amigas. Entonces, su madre se casa con un miembro de la familia criminal más poderosa de la ciudad. Y Gianna se encuentra cara a cara con el hombre que una vez la observó oculto tras una máscara. Raphael Capone es despiadado, brillante y está acostumbrado a ganar. No tolera la debilidad. No perdona las traiciones. Cuando los secretos comienzan a salir a la luz, las deudas se vuelven mortales y hay miles de millones en juego, Gianna se ve obligada a elegir: Proteger a las personas que ama… o sobrevivir al hombre que ha decidido que ella le pertenece. En el mundo de los Capone, el amor no es delicado. Es posesión.
Leer másUnos minutos después, la puerta volvió a abrirse y levanté la mirada antes de poder contenerme.Él salió fresco y limpio, con una toalla en la mano mientras se secaba las últimas gotas de agua del pecho.La luz del sol que entraba por la ventana incidió sobre su piel y resaltó los contornos firmes de su torso, la tinta de los tatuajes y la definición de sus músculos que parecían casi irreales bajo aquella luz.Volví a apartar la mirada, pero esta vez lo hice más despacio. Y odié eso. Odié que mis ojos quisieran volver hacia él.Tomó la camisa limpia y comenzó a ponérsela. Botón a botón, su versión profesional fue recomponiéndose frente a mí, como si el otro Raphael jamás hubiera existido.—Estás distraída —comentó con indiferencia.—No lo estoy.—Sí lo estás.Sus mancuernillas encajaron con un clic.—Así no sobrevivirás en esa sala.—Dije que estoy bien.Me miró mientras se acomodaba el cuello de la camisa, con una leve expresión de desaprobación.—Estás a la defensiva —señ
—Eres muy expresiva —comentó con ligereza.Extendí la mano hacia la computadora, pero la suya se posó primero sobre la mía. No ejerció mucha fuerza, solo la necesaria para detenerme. La suficiente para recordarme a quién pertenecía aquel espacio.—No lo hagas —murmuró.El audio continuó reproduciéndose. Sentía el pecho oprimido, como si no pudiera inhalar suficiente aire.—Eso no... —Tragué con dificultad—. Eso no tiene gracia.—¿No? —Inclinó un poco la cabeza y me estudió como si yo fuera la que no entendía nada—. A mí me parece muy educativo.Aparté la mano de un tirón como si me hubiera quemado.—Detenlo.Dejó que el audio se reprodujera un segundo más. Por fin, presionó una tecla. El silencio volvió a caer sobre la habitación, pero no trajo ninguna calma. Fue peor, porque ahora el sonido estaba en mi mente.Repitiéndose.Atrapado.Ni siquiera podía mirarlo. Me ardía el rostro. Me temblaban las manos. El estómago se me retorció con tanta fuerza que sentí náuseas.Y él se
—¡Mierda...! —exclamé.Tomé un puñado de pañuelos de su escritorio y me incliné sobre él sin pensar. Comencé a secarle el regazo con movimientos rápidos y frenéticos. Presionaba los pañuelos contra sus muslos, intentando absorber el líquido caliente antes de que lo quemara, mientras mi mente gritaba de pánico.—¡Lo siento mucho! No fue mi intención... Lo siento muchísimo...Estaba inclinada entre sus piernas, con el rostro a pocos centímetros de su pecho. Mis manos recorrían la tela empapada, presionando y secando.—Detente.Me quedé paralizada, con una mano todavía apoyada contra la tela húmeda de la parte interna de su muslo. Levanté la mirada y se me cortó la respiración. Estábamos tan cerca que podía ver los destellos dorados de sus ojos oscuros. Podía ver la vena palpitando en su cuello.—Dije que te detuvieras —repitió.Retiré lentamente las manos mientras los pañuelos mojados se deshacían entre mis dedos. Continué inclinada sobre él, con el pecho subiendo y bajando y nues
Gianna━⊰ ❦ ⊱━—Gianna.La voz de Aileen me hizo sobresaltarme.El ratón se deslizó bruscamente sobre la almohadilla. Levanté la mirada y mi corazón ya comenzaba a golpearme las costillas con aquel ritmo frenético. Aileen caminaba hacia mí con los tacones repiqueteando a un ritmo perfecto contra el suelo.—Llévale esto al señor Capone —dijo mientras dejaba caer una pila de documentos sobre mi escritorio—. Es el modelo predictivo de fraude para la reunión con Midland Trust. Necesita aprobar los umbrales de riesgo.Aileen se inclinó y dejó sobre mi escritorio una bandeja con una taza humeante de café negro. El líquido oscuro se agitó cerca del borde.—Negro. Sin azúcar —añadió—. Y, Gianna, no lo arruines. El cliente está esperando.Me puse de pie, tomé la bandeja del café con una mano y el informe con la otra.El video volvió a aparecer en mi mente. Era como una película que se reproducía en bucle en mi mente. Podía ver el garaje. Podía ver la forma en que mi cuerpo se arqueaba y
Último capítulo