DANTE
El disparo aún resonaba en mis oídos.
Silencio.
Ese tipo de silencio denso, pesado, que no es paz sino miedo.
Los cuerpos en torno a la piscina quedaron congelados por un par de segundos… y luego empezó el caos. Gritos, chapoteos, carreras. Todos sabían lo que significaba un disparo mío: que su fiesta acababa, y que era mejor largarse antes de convertirse en el siguiente ejemplo.
Entonces la vi.
Giulia, desesperada, manoteando entre la multitud del agua. Su voz rota.
Y ahí, en medio de