No supe cuánto tiempo estuve mirándolo sin decir una sola palabra. Las palabras simplemente se evaporaron de mi mente cuando escuché su voz grave, firme y decidida decirlo.
—Cásate conmigo.
Al principio creí que lo había imaginado. Que quizás mi mente, confundida por la fiebre del dolor y la conmoción, había creado una ilusión cruel. Pero cuando lo miré a los ojos, supe que no era un malentendido.
Dante Moretti estaba pidiéndome matrimonio.
Me quedé muda. Sentí el aire hacerse espeso, como si e