GIULIA
El cepillo de dientes se mueve de un lado a otro en mi boca, pero no consigo borrar la sensación que me dejó ese beso. No importa cuánta pasta use, ni cuánta fuerza aplique; sigue ahí, tatuado en mis labios. Me miro en el espejo, y lo veo otra vez: sus ojos, oscuros y fijos, sus manos aferrándome como si pudiera fundirme en su piel, el calor de su cuerpo empapado contra el mío.
Hace años que no sentía unos labios sobre los míos. No desde Luca. Ni siquiera Riccardo, con su eterna sonrisa