GIULIA
Esta mañana desperté con una sola idea en la cabeza: agradecerle a Fiorella. No tengo mucho para ofrecer, pero quería corresponderle con algo que hablara desde el corazón, y lo único que sé hacer bien, incluso en medio de todo este infierno, es cocinar. Preparé un postre sencillo, una especie de torta de almendras y miel con manzana. No es mucho, pero lo hice con cariño.
—¿Vamos a ver a Fiorella? —preguntó Isabella mientras tocaba la ramita de lavanda que Fiorella le había regalado. La