Giulia yace frente a mí, dormida, o tal vez perdida entre el cansancio y el dolor. La bata blanca que Fiorella le puso apenas cubre su piel pálida. Su respiración es débil, pero constante. La observo con los brazos cruzados, tratando de mantener la calma, aunque por dentro me quemo vivo.
Todo lo que pasó aún me da vueltas en la cabeza: el bosque, los gritos, el acantilado, el disparo… y verla desplomarse entre mis brazos. Pensé que la perdía.
Marco se apoya en el marco de la puerta, con el ceño