Nuestro coche nos dejó en la puerta de Casa Pastriani. Me encantaba este sitio. Parecía un club privado. Un enorme palacio de corte renacentista, aunque probablemente solo lo imitara.
—¿Un sitio así en Malecia? —Preguntó Julia.
—Sí. Es de la familia Moreti. —Contestó sin inmutarse Valeria.
—Suena a mafia. —Rió Julia.
Isabella no contestó. Más bien palideció por el comentario de Julia.
—Te veo muy confiada para venir sin reserva.
Fue la frase en cambio pronunciada por Isabella. Romano solía trae