La puerta lateral del edificio se abrió; mi corazón brincaba de expectación. Dentro se encontraba el chofer cuidando el coche recién aparcado en el cual habíamos llegado. Este hizo una reverencia.
—¿Debo llevarlos a algún sitio? —preguntó cuadrándose ante ambos.
—No, solo quería enseñarle su regalo a mi esposa. ¿Está listo?
El chofer asintió y nos condujo hasta un coche tapado; era chico, eso me decepcionó. Siempre pensé que Romano, si me regalaba un coche, sería uno enorme, parecido a los suyo