Estaba furiosa; una mujer trataba de coquetear con mi hombre y encima este detenía mi mano. Lo peor era la sonrisa de Romano. Como si mi reacción le divirtiera. Clavé mis ojos en Romano, tratando de transmitir mi furia en esa mirada.
—Suéltame la muñeca y borra esa estúpida sonrisa, que cuando volvemos a...
Romano me paró con un apasionado beso. Un beso posesivo. Un beso que gritaba: “Tranquila, no tengo ojos para otra”. Mis ojos permanecían abiertos, sorprendida por su arrogancia. Las conversa