Brenda
El eco de mis tacones resonaba con autoridad en el silencio del salón VIP. Quince chicas estaban formadas en fila frente a mí, con la espalda recta y las manos cruzadas frente al cuerpo. Sus uniformes impecables, con faldas ajustadas y blusas entalladas, no lograban esconder la tensión que les recorría. Sabían que cuando yo las llamaba a una reunión como esta, no era para darles cumplidos. El ambiente olía a perfume caro y miedo.
Cruzándome de brazos, caminé lentamente frente a ellas,