Bruno
Minutos antes
El rugido de los helicópteros partía la noche en dos. Las luces rojas parpadeaban como los latidos de un corazón al borde del colapso. Cada metro que recorríamos en el aire era una cuenta regresiva grabada en mi cráneo. No había espacio para el error, ni margen para dudas. Cindy estaba ahí abajo. Y yo iba a sacarla de ese infierno.
El Colmillo se giró hacia mí, ajustando su chaleco táctico mientras la luz tenue del panel de control le marcaba las facciones.
—Estamos a cinco