Mundo ficciónIniciar sesiónTengo un problema. Estoy obsesionado con su apariencia, obsesionado con su forma de vestir. La forma en que habla de sus intereses favoritos. La forma en que sonríe cuando la elogio. Cuando sabe cuánto la deseo... Imaginando que agarró sus pechos, su cintura, su cuello. Simplemente cada parte de ella que no puedo resistir la tentación de tocar. Gimotea, lloriquea, hazlo todo mientras dices mi nombre mientras lo haces. Eres mía...
Leer másLa fachada estaba descascarada. Dos ventanas rotas, una luz amarilla parpadeando sobre la entrada y el olor a humedad vieja filtrándose desde las grietas del concreto. El tipo de edificio que llevaba años ahí sin que nadie recordara cuándo había llegado. Ni para qué. La puerta trasera daba a un callejón estrecho. Húmedo. Con basura acumulada contra las paredes y el olor rancio de agua estancada. Dos hombres custodiaban la entrada. No parecían nerviosos. No parecían atentos. Uno estaba recargado en la pared, fumando. El otro revisaba algo en su teléfono, el brillo azul reflejándosele en la cara. No vieron la figura que apareció al fondo del callejón. Vestía completamente de negro. La ropa se ajustaba al cuerpo como una segunda piel, marcando hombros anchos, brazos firmes, una espalda hecha para la fuerza. Cada movimiento era silencioso, medido. Las botas no resonaban contra el suelo. El pasamontañas cubría el rostro por completo, dejando solo los ojos en sombra. Avanzó sin pri
"Ven."Anfisa no esperó respuesta.Le tomó la mano y lo jaló con suavidad, con una decisión que no necesitaba explicarse. Sus dedos estaban tibios, un poco húmedos, cerrándose alrededor de los de Thomas con una confianza que todavía la hacía sonrojarse.Thomas reaccionó de inmediato.No por reflejo.Por ella.La siguió sin resistencia, permitiéndole marcar el paso, aceptando ese gesto íntimo que en cualquier otro contexto habría corregido. Con Anfisa no. Con ella, se dejaba llevar.Atravesaron el salón en silencio.Ella iba delante, vestida con algo claramente pensado para la mañana: un vestido claro, sencillo, que le caía suave sobre las rodillas. No era formal ni combinaba con el traje oscuro que Thomas aún llevaba, robado a la prisa de reuniones que ya no parecían importar. La diferencia entre ambos era evidente, casi íntima, como si ella lo hubiera sacado de ese mundo sin pedir permiso.Anfisa abrió la puerta del jardín.La luz los recibió sin violencia. Era una mañana limpia, fr
La casa seguía respirando como si nada hubiera pasado.Eso fue lo primero que notó y lo que más le molestó.Las paredes intactas. Los muebles en su lugar. El silencio acomodándose otra vez en los pasillos, como un animal que vuelve a echarse donde siempre. Afuera, el jardín ya estaba acordonado, los cuerpos retirados y los intrusos detenidos. La sangre lavada con una eficiencia que rozaba lo obsceno.Todo parecía… resuelto.Thomas sabía que no lo estaba.El perito se movía a unos metros, tomando fotografías de una esquina que ya no decía nada. El oficial hablaba, explicaba procedimientos, trayectorias, antecedentes. Thomas escuchaba lo justo para entender que aquellos hombres no habían sido un error ni una casualidad.Habían sido un mensaje.Los hombres que intentaron llevarse a Anfisa eran cinco ex-reclutas con amplio entrenamiento militar y táctico. Coordinación perfecta. Habían sido 5 pero solo habían logrado entrar 3. Mataron a los guardias con la facilidad con la que otros cambia
Thomas permaneció de pie junto a la cama de Anfisa.La habitación estaba en penumbra, apenas rota por la luz tenue que entraba desde el pasillo. Ella dormía boca arriba, el cuerpo relajado, las sábanas subiendo y bajando con su respiración tranquila. La había acomodado con cuidado, vistiéndola sin despertarla, asegurándose de que nada en su postura, en su ropa, pudiera ser malinterpretado por nadie más.Había pensado en eso incluso antes de salir de su propia habitación.La dignidad de Anfisa no era negociable.Thomas la observó un instante más. Su cuerpo todavía recordaba el calor del suyo, la forma exacta en que había encajado contra él, cómo había reaccionado sin reservas. Esa memoria seguía viva, tensa, insistente. No era nostalgia. Era registro corporal.Se inclinó apenas y pasó los nudillos por el dorso de su mano, sin tocarla del todo. Como si el simple contacto fuera demasiado. Como si cruzar otra línea aunque fuera mínima pudiera desordenarlo más de lo necesario.Le dejó un b
Último capítulo