Mundo de ficçãoIniciar sessãoHazel se ha divorciado de su esposo después de descubrirlo en la cama con otra mujer y no está dispuesta a doblegarse por el dolor que implica una traición. Dispuesta a disfrutar de su éxito y el retorno a la soltería se ve envuelta en una aventura con un hombre que es todo lo contrario a lo que ha tenido antes. Él es fuego, es pasión y es deseo. Un éxtasis mortal que está dispuesta a disfrutar. Y es que no hay mejor manera de arrancarse del corazón un amor que cayendo en las redes de la seducción, sucumbiendo a lo malo, a lo placentero y a todo aquello que incita al pecado.
Ler maisArvidBesé el cuerpo de la mujer que me hace perder la puta cabeza. Cuando la veo, solo deseo abrirle las piernas y perderme en ella. Es fuego puro. Pero estas últimas semanas no solo me he conformado con follarla, sino también con escucharla hablar; su sola presencia logra calmarme.Hay algo en ella que me tiene hipnotizado, es hermosa en todos los sentidos. Tenerla a mi lado por lo de mi hija ha sido fundamental; jamás pensé sentirme tan en calma al lado de una mujer, y sentir su apoyo solo me hizo enloquecer más por ella.La miré desde mi posición, agitada, con su boca entreabierta y sus hermosos pechos balanceándose al ritmo de sus movimientos. Le encantaba tomar el control, subir sobre mi polla y cabalgarme hasta cansarse. Era jodidamente sexy y ardiente. Su cabello revuelto, pegado a su cara debido al sudor; sus gritos de placer puro no eran fingidos. Esa imagen me ponía más duro y despertaba mi lado más animal.La había moldeado a mi gusto, le había hecho probar la lujuria y to
Nunca en mi vida me había sentido tan ligera al confesar algo que llevaba atascado en mi garganta desde hacía un par de semanas. Creí que luego de mi divorcio me sería difícil soltar una confesión como la de ahora, pero no era así, y eso se debía a que Arvid me daba una tranquilidad que me hacía sentir segura.Tener sus intensos ojos sobre los míos y esa media sonrisa dibujada en sus labios hizo que mi pecho se inflara y latiera con prisa. Esperé su beso, pero este no llegó; en su lugar sentí cómo me atrajo a su pecho y me envolvió con sus brazos.—Te ves muy tierna cuando estás nerviosa —dijo depositando un beso sobre mi cabellera. Casi podía sentir su sonrisa socarrona.—No estoy nerviosa —protesté mientras me aferraba a su torso correspondiendo a su abrazo. Ese pequeño acto era incluso mejor que un beso.—Quizá yo lo esté.Me separé para poder observarlo. Sí, estaba nervioso, pero aquello no era debido a mí.—Vamos, tenemos que llegar a tiempo —deslicé mi mano por su mejilla, una s
HazelEl viento agitó mi cabello y el aroma del mar se mezcló con el perfume de mi padre, sonreí a medias cuando me envolvió en sus brazos y besó la coronilla de mi cabeza. Solía hacer eso siempre pero se volvió más repetitivo después del suceso que marcó un antes y un después en mi vida. —¿Qué pasa? ¿Por qué me has hecho venir hasta aquí y tan temprano? —tener que abandonar mi cama cuando dos grandes y musculosos brazos me envolvían requirió mucha fuerza de voluntad —¿Estás bien? —Oh si, lo estoy —sonrió —es solo que anoche, en la cena, hubo algo que no te lo dije. Ladee mi cabeza, curiosa. —¿Es malo? —No, al menos no lo es para mí. —Anda, no te hagas el misterioso y dímelo —insté. —Voy a dejar la presidencia de la empresa, con la llegada del bebé quiero dedicarme por completo a mi familia, no quiero perderme nada esta vez —sus ojos se entristecieron —ya he trabajo lo suficiente para poder permitirme esto. Lo entendía, desde su juventud había trabajo sin descanso para lograr
Hazel Me acerqué a él con dos tragos de coñac en las manos, reposaba sobre el sofá con solo unos boxer puestos, mantenía sus ojos cerrados mientras yo terminaba de procesar la información que había compartido conmigo hacía unas horas. Definitivamente no se veía un hombre familiar, se me hacía difícil imaginarlo como padre y más de una adolescente. Sería difícil y él lo sabía. —Ahora entiendo porque estás tan distraído —me coloqué sobre su pelvis, vestida únicamente con la ropa interior luego del arrebato lujurioso que habíamos tenido en la barra del mini bar —¿quieres hablar de ello? Tomó el trago y bebió la mitad, dejó caer una mano sobre mi cadera y me observó con intensidad. —No tengo ni puta idea que haré con una niña de once años en mi casa, no sé... —hizo un ademán y guardó silencio, buscando las palabras adecuadas —lo último que quisiera es alterar su vida y volverla una auténtica m****a pero... soy un maldito egoísta, no puedo soportar que llame padre a un hombre que no
Último capítulo