La casa seguía respirando como si nada hubiera pasado.
Eso fue lo primero que notó y lo que más le molestó.
Las paredes intactas. Los muebles en su lugar. El silencio acomodándose otra vez en los pasillos, como un animal que vuelve a echarse donde siempre. Afuera, el jardín ya estaba acordonado, los cuerpos retirados y los intrusos detenidos. La sangre lavada con una eficiencia que rozaba lo obsceno.
Todo parecía… resuelto.
Thomas sabía que no lo estaba.
El perito se movía a unos metros, tomand