La noche se extendía como un manto de terciopelo negro sobre el territorio de la manada. El bosque, usualmente lleno de vida y sonidos, parecía contener la respiración, como si hasta la última criatura sintiera la amenaza que se cernía sobre nosotros. Las estrellas brillaban distantes, indiferentes al drama que se desarrollaba bajo su luz plateada.
En el centro del claro, los ancianos habían dispuesto un círculo de piedras antiguas, cada una marcada con símbolos que parecían vibrar con vida pro