El aire vibraba con una energía antigua y poderosa. La cúpula de luz azulada que nos envolvía parecía respirar, expandiéndose y contrayéndose como un ser vivo. Dentro de ese espacio suspendido entre realidades, el tiempo fluía de manera diferente, más lento, más denso, como si cada segundo estuviera cargado con el peso de mil años.
Sira permanecía en el centro del círculo de piedras, su pequeña figura iluminada por un resplandor interior que hacía que su piel pareciera translúcida. Sus ojos, no