La luna roja se alzaba imponente sobre el claro del bosque, tiñendo de carmesí las siluetas de los árboles que rodeaban el círculo ritual. El viento había cesado por completo, como si la naturaleza misma contuviera la respiración ante lo que estaba por suceder. En el centro, sobre la tierra marcada con símbolos ancestrales dibujados con ceniza y sangre de lobo, los trillizos permanecían sentados en posición triangular, sus pequeñas manos entrelazadas.
Lía, vestida con una túnica blanca que cont