Las horas habían transcurrido en una tensa calma dentro de la mansión de seguridad. El aire acondicionado zumbaba suavemente, tratando de disipar el calor del desierto que golpeaba los cristales blindados. En la sala principal, el grupo se había reunido para una merienda improvisada; era un momento de respiro necesario antes de que la gran farsa comenzara. Incluso los niños, usualmente inquietos, permanecían sentados en círculo, escuchando con una atención casi magnética a Isabella, quien los p