La luz del amanecer en Sicilia no era simplemente luz; era un manto dorado que parecía querer lavar las manchas de sangre y pólvora que habían ensuciado la tierra el día anterior. En la habitación principal de la mansión Lombardi, el silencio era absoluto, roto únicamente por el suave ronroneo del aire acondicionado y la respiración acompasada de los amantes.
Salvatore despertó primero. Se quedó inmóvil, apoyado en un codo, observando a Alessandra. En la penumbra de la mañana, ella parecía una