Había transcurrido un mes desde que la sangre de Max regó el suelo de aquella hacienda olvidada. Un mes en el que Sicilia, bajo el mando de los Lombardi, parecía haber entrado en un estado de gracia inusual. El verano se asentaba con fuerza sobre la isla, tiñendo los viñedos de un verde vibrante y haciendo que el aire oliera a salitre y a libertad. Sin embargo, en el mundo de la mafia, la paz nunca es un estado permanente, sino un espejismo que se disfruta con una mano en el gatillo.
Alessandra