Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche que Paola Cisneros creyó estar celebrando el éxito de su novio… descubrió que en realidad había sido llevada a una trampa. Santiago tenía una deuda enorme con la mafia, y para salvar su propia vida hizo lo impensable: ofrecer a Paola como garantía. Pero el temido heredero del imperio criminal, Lorenzo De Luca, rechaza la propuesta. Las mujeres no forman parte de sus negocios. Al menos… hasta que Santiago huye. Ahora la deuda sigue sin pagarse. Y Lorenzo toma una decisión inesperada. Secuestra a Paola. Hasta que encuentren al verdadero deudor, ella será el pago. Atrapada en el peligroso mundo de la mafia, Paola jura que encontrará la manera de escapar y destruir al hombre que controla su destino. Pero Lorenzo no es un enemigo fácil de vencer. Frío. Dominante. Peligrosamente atractivo. Un hombre acostumbrado a poseer todo lo que desea. Paola guarda un secreto que podría cambiarlo todo: bajo un seudónimo, es la autora de las novelas románticas que él lee obsesivamente en secreto...es un misterio si él lo sabe o no. Si Lorenzo sabe quién es realmente la mujer que mantiene cautiva… el juego entre ellos se volverá mucho más peligroso. Porque en el mundo de la mafia, el odio puede convertirse en deseo. Y escapar del hombre equivocado… puede ser imposible.
Leer másEl vestido rojo no era de Paola. Su novio se lo había comprado de manera inesperada, ni siquiera era su color favorito.
Era demasiado ajustado, demasiado corto y demasiado… llamativo.
Ella se miró en el espejo del pequeño departamento y se cruzó de brazos.
—No sé si esto es una buena idea —dijo—. No estoy convencida, Santi. ¿Por qué compraste este vestido?
Desde la cama, Santiago levantó la vista del celular.
—Es una fiesta, Paola. Relájate. ¿Podemos salir a algún sitio sin discutir o pelear?
—Pero dijiste que era una reunión de trabajo, cariño.
—Lo es... ¿Qué más quieres saber? ¿No me crees?
—Entonces, ¿por qué tengo que ir vestida como si fuera a un club?
Santiago suspiró con impaciencia; hacía tiempo que las palabras de su novia en general le caían mal.
—Porque es un evento exclusivo. Gente importante. No quiero que desentones. Tu vestimenta por lo general es ..muy simple.
Paola frunció el ceño. —No es simple... —susurró para si misma.
En cinco años de relación, Santiago nunca había sido así. Nunca le había importado demasiado cómo se vestía o qué decía frente a otros.
Pero en los últimos meses algo había cambiado.Estaba más irritado que de costumbre, más atento a su apariencia.
Estaba más nervioso, incluso distante con ella.
Y siempre con el celular en la mano. Una manía que se había convertido en una adicción.
—¿Qué tipo de trabajo es este?... En serio.. —preguntó ella.
Santiago se levantó de la cama y caminó hacia ella. La tomó de los hombros y la miró fijamente.
—Es una oportunidad para mí... ¿quieres que me vaya bien?
—Claro....¿Oportunidad? ¿Para qué?
—Para arreglar algunas cosas....podría comprarte cosas que quieres, que necesitamos.
La respuesta fue demasiado vaga.
Pero Paola decidió no discutir, él siempre le decia que solo discutían.
Tal vez él realmente estaba pasando por un momento difícil. Una crisis interna que debía resolver, y esta parecía una ilusión reconfortante.
—Está bien, amor... está bien —murmuró.
Santiago sonrió con alivio.
—Sabía que podía contar contigo, cariño.
El lugar estaba en las afueras de la ciudad.
Una mansión enorme rodeada de autos de lujo, hombres trajeados y mujeres con vestidos imposibles.
Paola bajó del coche sintiéndose completamente fuera de lugar.
—Santiago… ¿Seguro que esto es una fiesta normal? Esta gente... por Dios... son multimillonarios... mira la casa... la piscina....
Él no respondió enseguida.
Estaba mirando la entrada de la casa con una tensión evidente.
—Sí —dijo finalmente.—, te lo aseguro... es gente... amable.
Pero su voz no sonó convencida.
Dentro, la música era suave. Un piano sonaba en algún lugar mientras los invitados bebían champagne y hablaban en voz baja.
Todo parecía elegante, demasiado.
Un camarero pasó junto a ellos con una bandeja.
Paola tomó una copa por nervios, nunca había estado en un lugar así, con tanto brillo, lujos.
—Voy al baño —dijo—. Este lugar me asusta.
—No tardes... y no tengas miedo. Estás conmigo.—le guiñó el ojo.
Su tono fue casi una orden.
Paola caminó por el pasillo buscando un cartel. Pero al doblar una esquina escuchó algo que la hizo detenerse.
Voces masculinas.
—¿Es ella?
—Sí.
—¿Estás seguro?....
—Completamente.
Paola sintió un escalofrío. Se asomó apenas.
Y lo vio.
Santiago estaba hablando con tres hombres.
Uno de ellos era enorme, con tatuajes visibles en el cuello. Los otros dos parecían guardaespaldas.
—No tengo el dinero —decía Santiago, nervioso—. Pero puedo ofrecer otra cosa... ya te lo dije.
El hombre tatuado lo miró con frialdad.
—Escucho...habla, que no tengo paciencia el día de hoy.
Santiago tragó saliva.
Luego dijo algo que hizo que el mundo de Paola se detuviera.
—Mi novia.
El silencio se volvió pesado.
—Es joven. Inteligente. Hermosa —continuó Santiago con desesperación—. Puedo entregarla. Quedará como garantía hasta que pague la deuda.
El hombre tatuado lo observó como si estuviera evaluando un objeto defectuoso.
—¿Estás ofreciéndome una mujer?
—¿QUÉEEE? —dijo para sus adentros Paola.
—Sí.
Paola dejó de respirar.
—Te juro que vale la pena —insistió Santiago—. Solo necesito tiempo... y después podrás liberarla o hacer lo que gustes con ella....y todos felices...piénsalo.
El hombre apoyó lentamente su vaso sobre la mesa.
—EsEscúchameien.
Su voz era baja. Peligrosa.
—Podrás ser un idiota con deudas. Pero no me hagas perder el tiempo.
Santiago palideció.
—¿Qué… qué quiere decir?
—Que si no puedes pagar… te rompo las manos....me parece más fácil.
—Pero—
—Y ahora desaparece antes de que decida romper algo más... como tu cabeza.
Santiago retrocedió, su rostro se veía asustado y al mismo tiempo humillado.
Paola dio un paso atrás, con el corazón golpeándole el pecho.
No podía creer lo que había escuchado.
Su propio novio…había intentado venderla, fue así como un ruido detrás de ella la hizo girar.
Santiago estaba allí; la había encontrado.Sus miradas se cruzaron, y para Paola fue sentir el terror mismo por todo lo escuchado.
Y algo más.
Culpa.
—Paola…
Ella retrocedió.
—¿Intentaste… venderme? ¿…crees que no te escuché?… ¿Para esto me trajiste? —sus manos se estamparon en su pecho.
—No es lo que parece... No empieces con tus estupideces... Sabía que iba a rechazar la oferta. Solo gané tiempo.
—¡Te escuché!... Lo dijiste como si fuera nada..como si no te importara.
Santiago miró hacia el salón, desesperado.
—Tenemos que irnos.
—No....no pienso ir a ningún lado contigo.Suéltame....
—¡Ahora! Es una orden.
La agarró del brazo con fuerza.
Pero en ese momento las puertas de la mansión se abrieron.
El hombre tatuado apareció acompañado de varios hombres armados.
Sus ojos negros recorrieron la escena, no hubo tiempo.
Santiago soltó a Paola como si quemara, como si supiera que no iba a lograrlo con ella a su lado.
Y corrió.
Literalmente, corrió hacia la salida trasera.
—¡Agárrenlo! —ordenó uno de los hombres.
Pero Santiago ya estaba desapareciendo entre los autos. Sin indicios de querer mirar para atrás.
El silencio se apoderó del salón.Todos miraban, y se preguntaban qué sucedía, la noche había sido tan tranquila dentro de todo para los demás.
El hombre tatuado caminó lentamente hacia Paola, sin movimientos bruscos.
Sus pasos eran tranquilos.
Controlados. No había miradas de odio pero si, de firmeza.
Cuando estuvo frente a ella, la observó de arriba abajo.
—Tú... dime.... ¿Viniste con él?
Paola lo miró con odio.
—Yo no tengo nada que ver con sus deudas.
—Tal vez no... —el hombre soltó una carcajada y miró a los otros.
—Entonces, ¿me puedo ir? No pueden retenerme...
El hombre inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Ah, no?
—Claro que no pueden... es... es un delito.
—Tu novio me debe mucho dinero, muñeca, no te hagas la tonta. Tú debes saberlo.
—¡Pero tú dijiste que no me querías como garantía!
—Pequeña entrometida.....eso fue antes....ahora cambié de parecer....
Paola sintió un nudo en el estómago.
—¿Antes de qué?
Los ojos del hombre brillaron con algo oscuro.
—Antes de que escapara....no tiene intenciones de pagar sus deudas. Eso está claro.
Dos hombres se acercaron detrás de ella.
—No puede hacer esto.... yo no tengo nada que ver. —susurró Paola.
El hombre la miró fijamente.
—Mi nombre es Lorenzo De Luca, y nadie... escúchame bien... nadie se burla de mí.
El nombre cayó como una piedra.Incluso Paola había escuchado historias....prácticamente de terror.
Hijo del mafioso más temido de la ciudad, no tenía piedad con la gente que le debía.
El hombre que nadie desafiaba, con el que nadie se metía porque seguramente terminaría bajo tierra.
—Y tu novio —continuó Lorenzo con calma— me dejó una deuda...y será pagada.
Paola retrocedió.
—Yo no soy parte de eso... ¿por qué no me escuchan?
Lorenzo extendió la mano y le tomó suavemente la muñeca.
Su agarre era firme, aunque imposible de romper.
—Esta noche…
Sus ojos oscuros se clavaron en los de ella.
—Lo eres.
Paola intentó soltarse.
—¡Suéltame!.....
Pero Lorenzo no se movió.
Solo dijo una frase que le heló la sangre.
—Hasta que encuentre a tu novio…y me pague su deuda… Tú eres el pago. ¿Entendiste?
Y sin soltarla, comenzó a caminar hacia la salida, arrastrándola con él. Las lágrimas caían de su rostro, y aunque pidió ayuda, nadie quiso meterse con el gran y temido Lorenzo de Luca.
Esa noche iba a cambiar la vida de Paola para siempre.
PAOLAHay momentos en los que entiendes que tu vida ha cruzado una línea invisible. Nunca pensé que le iba a ganar a un mafioso, o mucho menos, pero pensé que tenía algo para negociar.Una carta a favor ya que no todo podía ser tan malo; evidentemente, no había visto la verdadera oscuridad en esa casa, en él.No había otra manera de volver el tiempo atrás...no podía simplemente no ir a esa fiesta, eso ya estaba cocinado.Luego, llegó ese momento, una noche, en la casa de Lorenzo De Luca.Todo empezó con un grito, con ruidos de dolor ..angustia.No era un grito cualquiera. Era el tipo de grito que te eriza la piel incluso antes de que tu mente procese lo que estás escuchando. Un sonido crudo, desesperado, lleno de miedo.Me despertó de golpe,me incorporé en la cama con el corazón acelerado. Solía tener pesadillas, pero esto era distinto, real.Al principio pensé que lo había imaginado, era un deseo.Pero entonces volvió a escucharse, fuerte y más cerca todavía.Salí de la habitación cas
PAOLAEl silencio se instaló entre nosotros.Un silencio extraño.No respondí, no estaba en condiciones de hacerlo, no me esperaba todo aquello.Realmente era un fanático de esas historias y buscaba generar algo en mi que no estaba adispuesta a aceptar.Intenté pasar a su lado para salir de la biblioteca, una reacción atípica porque creo que no tenía permiso de irme; aun así, lo intenté por los nervios de sentirme sofocada tras el momento.Pero cuando di un paso…Lorenzo movió la mano y apoyó el brazo contra la estantería.Bloqueando el paso, sin dejar de mirarme fijamente, sin sonreír o hacer gesto que lo delatara. El terror me invadió.—¿A dónde vas?… —dijo confundido.—A cualquier lugar que no sea aquí...—opte por decir la verdad.—Esta es mi casa.—replicó con burla.—Exactamente.—dije queriendo sonar...normal.Su mirada se volvió más oscura.—Todavía no entiendes tu situación, ¿verdad?—La entiendo perfectamente... La dejaste muy en claro ayer.—¿Sí?—Estoy aquí porque mi exnovio e
PAOLADormí poco, me era imposible dejarme ir cuando estaba en un calabozo.Esperaba de un momento a otro la guillotina.O tal vez no dormí en absoluto, vi ingresar la luz del amanecer entre las cortinas de seda de mi prisión. La caja de cristal perfecta.La habitación era enorme. Una cama demasiado grande para una sola persona, sábanas de seda, ventanales que daban a un jardín oscuro iluminado por luces suaves. Estatuas por doquier. El lugar era muy similar a un museo antiguo.Era una habitación digna de una reina, para cualquier mujer hubiese sido un sueño despertar allí. Pero para mí, dadas las circunstancias, era el recordatorio de que estaba en el infierno.Se sentía como una jaula de castigo, con las trampas lujosas adecuadas.Pasé gran parte de la noche mirando el techo, intentando entender cómo mi vida había llegado a este punto. Cuál había sido mi responsabilidad en todo. Me hundí en la posibilidad de que las cosas pasan aleatoriamente, sin ningún tipo de coincidencia; podría
Uno de los hombres a su lado murmuró algo en italiano. Sabía que me estaba pasando, pero a esta altura mi mente me repetía que no había opciones, ¿Me traía a su casa para dejarme vivir? Era poco probable.Pero Lorenzo levantó la mano, silenciándolo. Con sus ojos fijos marcando sus ordenes en su gente.Luego dio otro paso hacia mí.Ahora estaba demasiado cerca. Sentía su respiracion, su aliento a cigarrillos.Podía sentir también el aroma suave de su colonia y algo más… algo oscuro, peligroso. Un escalofrío me recorrió, aunque puede disimularlo...un poco.—Ten cuidado con lo que dices en mi casa—dijo tomando mi rostro con suavidad, pero aún asi marcando que él era el peligro alli.—¿Por qué? —respondí—. ¿Vas a matarme? ...No imagino otro escenario...no soy tonta.El silencio cayó sobre la habitación.Durante un segundo pensé que había ido demasiado lejos, si había una posibilidad de vivir ya la había arruinado.Pero entonces Lorenzo sonrió.No era una sonrisa amable... Era de esas estr
PAOLANunca imaginé que mi vida podía cambiar en el tiempo que tarda una puerta en cerrarse. Todas aquellas miradas de esas personas caían sobre mí.Nadie se dignó a ayudarme, así de sola estaba.El sonido todavía resonaba en mi cabeza.La puerta del auto se cerró con un golpe seco, definitivo, como si hubiera sellado mi destino. El vidrio oscuro me devolvió mi propio reflejo: pálida, desordenada, con el vestido rojo que ahora parecía una burla cruel.No era una fiesta, por lo menos no para gente como yo.Era una trampa. Bien trazada y organizada por esa gente.Y yo había caído en ella.Intenté abrir la puerta inmediatamente, pero estaba bloqueada. Tiré del seguro, empujé con fuerza, golpeé el vidrio.Nada.—Déjenme salir —exigí, mi voz más temblorosa de lo que me gustaría admitir.—No pueden hacer esto.Nadie respondió.Dos hombres enormes estaban sentados adelante. Ni siquiera se giraron para mirarme. ¿Era posible que tan poco importara mi voz?El motor arrancó,sentí el movimiento del
El vestido rojo no era de Paola. Su novio se lo había comprado de manera inesperada, ni siquiera era su color favorito.Era demasiado ajustado, demasiado corto y demasiado… llamativo.Ella se miró en el espejo del pequeño departamento y se cruzó de brazos.—No sé si esto es una buena idea —dijo—. No estoy convencida, Santi. ¿Por qué compraste este vestido?Desde la cama, Santiago levantó la vista del celular.—Es una fiesta, Paola. Relájate. ¿Podemos salir a algún sitio sin discutir o pelear?—Pero dijiste que era una reunión de trabajo, cariño.—Lo es... ¿Qué más quieres saber? ¿No me crees?—Entonces, ¿por qué tengo que ir vestida como si fuera a un club?Santiago suspiró con impaciencia; hacía tiempo que las palabras de su novia en general le caían mal.—Porque es un evento exclusivo. Gente importante. No quiero que desentones. Tu vestimenta por lo general es ..muy simple.Paola frunció el ceño. —No es simple... —susurró para si misma.En cinco años de relación, Santiago nunca habí
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