Mundo ficciónIniciar sesiónSINOPSIS: Rebeca Zambrano tiene un doctorado en malas decisiones amorosas. Tras ser abandonada por su novio de tres años y sobrevivir a un desarrollador de videojuegos que solo desarrollaba flojera en su sillón, Rebeca ha cerrado las puertas de su corazón, ahora sus únicas prioridades son su carrera como escritora independiente en la CDMX y su gatihijo, Mandarino. Pero la paz se acaba con una llamada de su madre desde Monterrey: la prima Susy, el orgullo de la familia, se casa. ¿El problema? El padrino es Bruno, el ex de Rebeca, quien asistirá con su ahora esposa embarazada. En un ataque de orgullo y sarcasmo mal enfocado, Rebeca inventa que tiene un novio espectacular, rico y guapísimo. Ahora tiene dos semanas para hacerlo realidad o enfrentar las burlas de su tía Chayo y que la sienten en la mesa de los niños. Entra en escena Hektor Stein. Alto, ojos grises, alemán y con una presencia que detiene el tráfico. Hektor es un productor de cine desesperado por conseguir los derechos de la novela de Rebeca antes que Netflix, pero ella ha ignorado todos sus correos. Cuando Hektor localiza su departamento para negociar, Rebeca lo confunde con el acompañante de lujo que su amiga Jess le sugirió contratar. Antes de que él pueda presentarse, ella ya le pidió que diera una vueltita y le dio el visto bueno a sus atributos. Hektor, aconsejado por su socio Mateo, decide seguirle la corriente para ganarse su confianza y cerrar el trato del siglo. Pero entre vuelos a Monterrey, cenas familiares incómodas y una química explosiva que no estaba en el contrato, la mentira se vuelve insostenible. ¿Podrá Rebeca perdonar que el hombre que le devolvió la fe en el amor solo se acercó a ella por un contrato?
Leer másHEKTORSalí del edificio sintiendo que el aire me faltaba, me detuve en la acera, me ajusté el saco y respiré hondo mientras el rastro de sus dedos todavía quemaba en mi nalga derecha.—Esa mujer está loca —mascullé en alemán, caminando hacia el auto negro donde Bruno me esperaba con una sonrisa de oreja a oreja.Subí al asiento del copiloto y cerré la puerta con más fuerza de la necesaria. Bruno que ya estaba al tanto de la mitad de la historia por mi llamada anterior, soltó una carcajada que retumbó en todo el vehículo.—¿Y bien? ¿Cómo estuvo la inspección técnica? —se burló Bruno sin poder contener las carcajadas.—No es gracioso Bruno, me nalgueó, me hizo dar vueltas como si fuera un maniquí de oferta y luego decidió que la mercancía era de primera —me pasé una mano por el rostro, frustrado—. Soy el CEO de Stein & Asociados. He negociado contratos de distribución con tiburones de Hollywood, he cenado con ministros en Berlín y ahora... ahora soy un novio de alquiler para una boda e
REBECALlamar a la agencia fue lo más difícil que he hecho, me contestó una mujer con voz de robot, de esas que suenan a que nunca han comido un taco de canasta en su vida.—Elite Companions, buenas tardes. La discreción es nuestra firma.—Hola —susurré, sintiéndome como una criminal escondida en el baño—. Eh... quiero contratar un servicio.—¿Paquete Básico, Premium o Platinum? —preguntó la robot, sin inmutarse.— Pues... no sé, es para una boda, necesito que se vea creíble, que parezca que me ama y que tiene acciones en la bolsa.—Paquete Platinum—Incluye historia de fondo, conocimientos de etiqueta, idiomas y disponibilidad afectiva simulada —sentenció la voz—. El costo es de cincuenta mil pesos por fin de semana, más viáticos.Casi escupo el café. ¡Cincuenta mil pesos! Oiga, ¿pues qué hace? ¿Me va a donar un riñón si lo necesito a media fiesta? Pero me mordí la lengua, la calidad cuesta y yo no iba a llegar a Monterrey con un Shrek de descuento.—Está bien —acepté, sintiendo un do
REBECASi el infierno existe, estoy segura de que es una primera cita eterna en un café de la Condesa, con un chai latte aguado y un tipo enfrente explicándote cosas que no te interesan ni entiendes.—Majo, oficialmente me rindo, prefiero que la tía Chayo me inscriba en un convento a volver a salir con un ser humano raro —le dije a mi amiga, hundiendo la cara en mis manos sobre la mesa del Starbucks.Mi Casting para Novio Millonario Falso había comenzado y el balance era desolador. Después de deslizar el dedo en Tinder y Bumble logré concretar tres citas en una semana. Grave error de cálculo.—¿Tan mal te fue? —preguntó Majo, robándome un sorbo de mi té—. Cuéntame, necesito reírme de tu desgracia para sentirme mejor con mi soltería.—Candidato Número uno: El Mente de Tiburón, se llamaba Santiago, en las fotos: traje, reloj grande, gimnasio, perfecto, pensé. A los cinco minutos ya me estaba dibujando una pirámide en una servilleta. Me dijo que si invertía diez mil pesos, para la boda d
REBECAEsa noche no pegué el ojo y todo por el nombre que mi madre soltó como si fuera cualquier cosa: Javier.Me quedé mirando el techo y mi mente traicionera decidió viajar en el tiempo. Mi cerebro tiene un botón de autodestrucción que se activa a las tres de la mañana. De repente, ya no estaba en la Condesa; estaba de vuelta en Monterrey, hacía dos años.Era nuestro quinto aniversario.Recuerdo que me gasté la quincena en un vestido rojo y lencería de encaje que picaba un poco. Javier me citó en La Caterina, su restaurante favorito en San Pedro. Yo estaba emocionada, llevaba meses notándolo raro y mis amigas en su optimismo tóxico, aseguraban que eran nervios de propuesta.—Seguro ya compró el anillo —me había dicho Majo—. Por eso anda tan misterioso.Ahí estaba yo frente a él, con el corazón en la garganta. Javier pidió vino tinto, es hoy, pensé, hoy me pide matrimonio. Después del postre se aclaró la garganta y sacó una cajita de terciopelo azul del bolsillo de su saco. El mundo
REBECAEl problema de escribir novelas eróticas para ganarse la vida es que una termina creyéndose la protagonista.Estaba sentada en el suelo de mi departamento con un Chai Latte ya frío, tecleaba intensamente en mi pantalla, el Duque estaba a punto de rasgarle el vestido a la protagonista en una biblioteca. En mi vida real, lo único que alguien había rasgado recientemente era mi cortina y el culpable me miraba con cinismo desde el sillón.—Te estoy viendo, Mandarino —le advertí al gato naranja que se lamía una pata con descaro—. Si vuelves a afilarte las uñas en el sofá, te voy a regresar a la caja de cartón mojada de donde te saqué.Mandarino maulló, sabía que era un chantaje vacío, desde esa noche lluviosa en que lo rescaté en la avenida, él era el dueño de la casa y yo solo la que pagaba las croquetas.Suspiré y me ajusté los lentes, a mis treinta años este era mi sábado por la noche: pelear con mi gatihijo, escribir escenas de sexo que yo no tenía desde hacía meses y comer papit
Último capítulo