Mundo ficciónIniciar sesiónCreí conocer el verdadero significado del miedo... hasta que me enfrenté a él cara a cara. Mi nombre es Elena Vidal, periodista de investigación, testaruda, independiente, y lo suficientemente ingenua como para creer que podía enfrentar sola a una red internacional de terrorismo. Un error de cálculo. Uno que casi me cuesta la vida. Secuestrada, atrapada en tierras hostiles y sin saber en quién confiar, mi única oportunidad de sobrevivir es Marcus Blackthorne, el hombre que representa todo lo que desprecio: un operativo frío, calculador y despiadado… y mi viejo enemigo. Pero el peligro tiene la capacidad de desdibujar las líneas. Lo que antes era odio comienza a transformarse en una atracción prohibida, peligrosa, inevitable. Cuando el mundo entero parece haberse vuelto en mi contra, y cada segundo puede ser el último, debo decidir si puedo confiar en él… o si me romperá de la única forma que no podré soportar: desde dentro. Porque hay batallas que se luchan con armas. Y otras que se luchan con el corazón.
Leer másEl amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación del hotel en Lisboa. Contemplé los rayos dorados que dibujaban patrones sobre las sábanas arrugadas mientras escuchaba la respiración acompasada de Marcus a mi lado. Aún me resultaba extraño llamarlo por su nombre de pila después de tanto tiempo conociéndolo como Blackthorne, el operativo sin escrúpulos, el hombre que representaba todo lo que yo despreciaba.Qué equivocada estaba.Me incorporé ligeramente, apoyándome sobre mi codo para observarlo dormir. Su rostro, normalmente tenso y vigilante, mostraba una serenidad que pocas veces le había visto. Las cicatrices que cruzaban su torso contaban historias de batallas que nunca había compartido conmigo hasta hace poco. Cada marca era un capítulo de su vida dedicada a proteger a otros, incluso cuando nadie le agradecía por ello.Tres meses atrás, cuando me encontraba atada en aquel sótano en Damasco, jamás hubiera imaginado que terminaría aquí, contemplando el rostro del hombre qu
DamianEl amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación del hotel en Madrid. Observé cómo la luz dibujaba patrones sobre la piel de Elena mientras dormía. Su respiración era tranquila, rítmica, como si finalmente hubiera encontrado paz después de tanto caos. Tenía una pequeña cicatriz en el hombro, recuerdo de nuestra huida de Damasco. La rocé con la yema de mis dedos, tan suavemente que no despertó.Nunca fui un hombre de contemplaciones. En mi mundo, detenerse a observar significaba morir. Pero ahora, mirando a esta mujer que había puesto mi existencia patas arriba, me permití el lujo de la quietud.Hace tres meses, era Marcus Blackthorne, operativo de élite, un fantasma sin ataduras ni remordimientos. Ahora, después de todo lo vivido, ya no estaba seguro de quién era. O quizás, por primera vez, lo sabía con claridad.Elena se removió ligeramente, sus párpados temblaron antes de abrirse. Sus ojos, esos que me habían mirado con desprecio la primera vez, ahora me observaban c
El fuego se extendía por el pasillo mientras corríamos agachados, esquivando los escombros que caían del techo. Las alarmas ensordecedoras rebotaban contra las paredes metálicas de la base, creando un caos que, paradójicamente, nos beneficiaba. La confusión era nuestra aliada.—¡Por aquí! —gritó Marcus, tirando de mi mano con fuerza mientras doblábamos en una esquina.Su espalda se tensaba bajo la camiseta negra empapada de sudor. Llevábamos más de una hora infiltrados en la base enemiga, y cada minuto aumentaba el riesgo de que nos descubrieran. O peor, que la información que buscábamos ardiera junto con el edificio.—El servidor debe estar en el siguiente nivel —dije, consultando el mapa mental que había memorizado durante nuestros días de planificación—. Si las explosiones siguen este ritmo, tenemos menos de quince minutos.Marcus se detuvo abruptamente, girándose hacia mí. Sus ojos, normalmente fríos y calculadores, ahora brillaban con una intensidad que me robó el aliento.—Elena
DamianLa noche caía sobre el refugio como un manto de terciopelo negro. Observé a Elena a través de la ventana mientras ella contemplaba el horizonte, ajena a mi mirada. Su perfil recortado contra el crepúsculo me robó el aliento, como siempre lo hacía. Llevaba días intentando mantener la distancia profesional que me había autoimpuesto, pero cada hora que pasaba se volvía una tortura más insoportable.Había algo en la forma en que la luz moribunda del día acariciaba su rostro que me desarmaba por completo. Elena Vidal, la periodista testaruda que había entrado en mi vida como un huracán, ahora permanecía en silencio, vulnerable, hermosa en su quietud.Me acerqué sin hacer ruido, pero ella percibió mi presencia. Siempre lo hacía.—Damián —murmuró sin voltearse—. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?—El suficiente para saber que algo te preocupa —respondí, colocándome a su lado.El aire entre nosotros se cargó de electricidad, como siempre ocurría cuando estábamos demasiado cerca. Podía sentir e










Último capítulo