El amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación del hotel en Lisboa. Contemplé los rayos dorados que dibujaban patrones sobre las sábanas arrugadas mientras escuchaba la respiración acompasada de Marcus a mi lado. Aún me resultaba extraño llamarlo por su nombre de pila después de tanto tiempo conociéndolo como Blackthorne, el operativo sin escrúpulos, el hombre que representaba todo lo que yo despreciaba.
Qué equivocada estaba.
Me incorporé ligeramente, apoyándome sobre mi codo para o