Damian
La noche caía sobre el refugio como un manto de terciopelo negro. Observé a Elena a través de la ventana mientras ella contemplaba el horizonte, ajena a mi mirada. Su perfil recortado contra el crepúsculo me robó el aliento, como siempre lo hacía. Llevaba días intentando mantener la distancia profesional que me había autoimpuesto, pero cada hora que pasaba se volvía una tortura más insoportable.
Había algo en la forma en que la luz moribunda del día acariciaba su rostro que me desarmaba