Hemy sueña con ser un chef de renombre de la mano del hombre que siempre a admirado y en secreto amado. Aleksander Mills. Hemy y Aleksander tienen algo en común: El amor por la cocina. Hemy decide finalmente ir tras su sueño de ser la sub-chef de Aleksander Mills en Francia, encontrando que casualmente los dos van a ir de viaje en el mismo crucero. Hemy, por cosas del destino, se hace pasar como la prometida cuando justamente horas antes ella termina con él. Dándole inició a una extraña relación entre Hemy y Aleksander, quienes a pesar de querer alejar el uno del otro, tal como imanes, parecen no poder ignorar la tensión que hay entre ellos.
Leer másHemy sueña con ser un chef de renombre de la mano del hombre que siempre a admirado y en secreto amado.
Aleksander Mills.Hemy y Aleksander tienen algo en común: El amor por la cocina.Hemy decide finalmente ir tras su sueño de ser la sub-chef de Aleksander Mills en Francia, encontrando que casualmente los dos van a ir de viaje en el mismo crucero. Hemy, por cosas del destino, se hace pasar como la prometida cuando justamente horas antes ella termina con él.
Dándole inició a una extraña relación entre Hemy y Aleksander, quienes a pesar de querer alejar el uno del otro, tal como imanes, parecen no poder ignorar la tensión que hay entre ellos.OBRA ORIGINAL TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS LA HISTORIA QUEDA ESTRICTAMENTE SUJETADA POR DERECHOS DE AUTORÍA BAJO EL NOMBRE DE © Laura Machado Garcia
Este libro es un trabajo de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación del autor o han sido usados de manera ficticia y no deben ser interpretados como eventos reales. Cualquier parecido con personas, vivas o muertas, eventos actuales, locales u organizaciones es coincidencia. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público.
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Este libro está destinado a personas mayores de 18 años, ya que contiene escenas sexualmente explícitas. Todos los personajes en esta obra son mayores de 18 años.
Todos los eventos que tienen lugar en este relato son ficticios, por lo que embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual no ocurren, a menos que formen parte de la historia. En la vida real, tener sexo sin protección puede tener graves consecuencias permanentes; por favor, recuerden esto y siempre usen protección adecuada y hagan pruebas necesarias para asegurar que su pareja o ustedes mismos no sufran los estragos que pueden surgir de una enfermedad venérea o un embarazo no planificado.
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Contacto de la autora:
I*: Dearlaumg
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La luz suave del amanecer acariciaba la habitación. Un viento leve movía las cortinas, y en ese silencio lleno de paz, solo se escuchaban los sonidos delicados de la succión constante de Aaron, alimentándose en mi pecho.Él estaba cálido, acurrucado contra mí como un pequeño koala, con una mano regordeta apoyada sobre mi piel, como si no quisiera que me moviera nunca más. Yo lo observaba con ternura, sintiendo el amor en forma líquida, ese que parecía brotar de mí en todos los sentidos.Tenía los ojos medio cerrados, embelesado, y en cada pausa de su toma, emitía un suspiro profundo, como si en mis brazos no existiera ninguna preocupación. Y ahí, mirándolo así, tan indefenso y perfecto, recordé por qué me lancé a todo esto. Por qué seguía intentándolo.Sostenía la agenda con la mano libre, tratando de organizar los pasos de la receta que debía presentar en televisión, pero las letras se veían borrosas.No por el sueño.Ni por la falta de tiempo.Sino por el síndrome del impostor que m
Despertamos con la luz del amanecer filtrándose por las cortinas. El silencio de la casa ahora era distinto, como si se hubiera purificado. Me sentía liviana, serena, abrazada al pecho cálido de Aleksander. Dormía profundamente, su brazo rodeando mi cintura como si, incluso inconsciente, supiera que no quería soltarme.Sonreí, me permití acariciar su mandíbula y observar cada línea de su rostro. Era hermoso, sí, pero no era eso lo que más me cautivaba de él. Era su forma de mirarme como si yo fuera la única mujer sobre la faz de la Tierra, incluso después de verme en mis días más rotos.Deslicé mis dedos entre los suyos. Él los apretó suavemente, sin abrir los ojos.—¿Estás despierto? —pregunté en un susurro.—Desde que entraste anoche al cuarto —respondió con voz ronca—. Pensé que estaba soñando.—¿Y ahora?Abrió los ojos, mirándome con la calma de alguien que ya no necesita correr.—Ahora solo quiero vivir en este sueño contigo.Nos besamos con una sonrisa perezosa, de esas que no n
La casa estaba en silencio.Aaron dormía plácidamente desde hacía un par de horas. Por primera vez en semanas, mi pecho no estaba oprimido, ni mi mente saturada de pensamientos. Aleksander no había intentado forzar ningún gesto desde aquella noche entre rosas. Había estado presente, atento, amoroso… y paciente.Eso era lo que más me desarmaba: su paciencia.Ya no buscaba convencerme con palabras, sino con actos.Pequeños.Constantes.Reales.Y esta noche, algo en mí se aflojaba.Salí de la ducha envuelta en una bata de algodón y cabello húmedo. Me asomé a la habitación: Aleksander estaba allí, recostado en la cama, leyendo uno de los cuentos que él mismo había comprado para Aaron. Llevaba una camiseta blanca y pantalones de pijama de algodón. Sencillo. Cálido.Me vio entrar y su mirada se detuvo en la mía.No dijo nada.Solo me esperó.Me acerqué. Me senté en el borde de la cama, justo frente a él.El libro quedó sobre la mesa de noche.Sus ojos buscaban los míos con esa mezcla de des
Aaron lloró desde la cuna, como si sintiera la energía que se había instalado en la habitación.Fui hacia él y lo tomé en brazos, intentando que mi rabia no se filtrara por la piel. Lo acuné con fuerza, casi como si él pudiera contenerme a mí.—No está bien… —murmuré—. Esto no está bien, Aaron. Algo está cambiando. Y no sé si tengo la fuerza para detenerlo.Las lágrimas bajaron sin aviso. No era solo dolor. Era la traición silenciosa.No necesitaba verlo besándola para saber que algo entre ellos aún existía…Porque lo que se esconde duele más que lo que se dice en voz alta.Aleksander no llegó esa noche.Y por primera vez desde que Aaron nació, no me sentí en pareja.Me sentí sola.Peor aún: me sentí reemplazable.La puerta se abrió con lentitud.El sonido del pestillo resonó en la casa como un disparo sordo. Yo ya lo había escuchado desde el pasillo, el eco de sus pasos acercándose. Pero no me moví.Aaron dormía. Mi corazón no.Aleksander entró, dejando las llaves sobre la repisa. Su
Esa noche, Aaron volvió a dormir temprano. Aleksander y yo compartimos la cena en la terraza. Hablamos de trivialidades. Del clima. De la lista del mercado. De todo, menos de nosotros.Yo me levanté antes, recogí los platos, fingí estar cansada y me encerré en el cuarto de baño. Me miré en el espejo.Las ojeras. El abdomen aún flácido. Las caderas más anchas. Las cicatrices invisibles del alma.Me puse una camiseta grande. Nada sexy. Nada pensado. Solo algo que me cubriera. Me acosté sin decir nada. Me giré hacia la pared.Aleksander entró minutos después. Se recostó a mi lado. Silencio. Tensión.Hasta que su voz rompió el aire.—¿Por qué me estás evitando?Cerré los ojos. No iba a escapar.—Porque siento que ya no me deseas.Él se incorporó. Yo no lo miré. No podía.—¿Qué…?—Esa noche. Cuando te busqué. Me dijiste que no. Y yo entendí muchas cosas… o al menos, creí entenderlas.—Hemy… —su voz era suave—. Te detuve porque no quería lastimarte. No porque no te desee. Estás preciosa. Pe
La casa estaba en silencio. Por primera vez en todo el día.Aaron dormía plácidamente en mi pecho, con su boquita apenas abierta y la respiración acompasada como un susurro de mar. El comedor estaba desordenado, el sofá lleno de pañales arrugados y gasas, pero yo solo veía ese cuerpecito tibio, anclado al mío como si aún fuésemos uno.Estábamos sentados en la mecedora junto a la ventana. Afuera, la tarde caía con una luz dorada que se colaba por las cortinas. Aleksander había salido un momento a la tienda, y yo había aprovechado para quedarme en ese rincón, con Aaron en mis brazos, amamantándolo con calma.Lo miraba. Lo olía. Lo sentía.Y no entendía cómo algo tan diminuto podía hacerme sentir tan completa… y a veces tan frágil.—Te amo —le susurré—. Aunque a veces tenga miedo de no hacerlo bien.Aaron soltó el pezón y me miró con esos ojos oscuros, curiosos, aún medio nublados por la recién llegada a este mundo. Me acarició el pecho con una de sus manitos y luego suspiró… como si dij
Último capítulo