La casa estaba en silencio.
Aaron dormía plácidamente desde hacía un par de horas. Por primera vez en semanas, mi pecho no estaba oprimido, ni mi mente saturada de pensamientos. Aleksander no había intentado forzar ningún gesto desde aquella noche entre rosas. Había estado presente, atento, amoroso… y paciente.
Eso era lo que más me desarmaba: su paciencia.
Ya no buscaba convencerme con palabras, sino con actos.
Pequeños.
Constantes.
Reales.
Y esta noche, algo en mí se aflojaba.
Salí de la duch