C3. Visita Indeseada

[EVA]

Un día más. La luz había aparecido de nuevo y había espantado la terrible oscuridad de la noche. Al menos esa oscuridad. Qué decir de la oscuridad interna por la que estaba pasando en ese momento, y no, no era solo por todo el escándalo mediático que había tenido lugar el día anterior. Era porque los pensamientos y recuerdos pasados habían estado saltando como si fueran ovejas negras, monstruosas e inquietas en mi cabeza, que lejos de hacerme dormir, me habían provocado estar despierta toda la noche. Sentía que tenía un arenal entre las bolsas hinchadas de mis ojos y cerrarlos ya era de por sí una tortura.

Sin embargo, no podía dejar que aquello se interpusiera en mi vida. Los escándalos duran cuando mucho un momento, luego pasan y llega otra noticia con mayor relevancia, que hace que el chisme anterior quede en última plana. Solo faltaba que alguien encontrara una nota más jocosa o llamativa y yo solo sería una nota más entre una pila de páginas del medio.

Pero como dije antes. La vida sigue y yo no podía detener la mía por una mera provocación, así que como es lo normal en mi día a día, me levanto de la cama y me preparo algo ligero para desayunar. Estoy a nada de llamar a Jared para servirle el desayuno, hasta que recuerdo: él nunca come conmigo. De hecho, creo que ni siquiera vino a dormir anoche y está bien. A la larga es algo a lo que ya me he acostumbrado.

Veo en mi dedo el anillo de promesa y mi estómago se revuelve. Pienso en quitarmelo, pero… ¿Qué sentido tendría?.

Al terminar mi desayuno, que constaba de una tostada con mermelada y fresas picadas, con una taza de café, me doy una ducha, me coloco un vestido semi formal, maquillaje ligero, un par de zapatillas, dejó mi cabello atado en un moño, y me dirijo a la empresa.

He de aceptar que no estoy lista para los gritos de Mason (para nada, en general) Pero es mi única forma de mantener mis pensamientos a raya.

Al momento de subir al auto, una llamada cae a mi teléfono.

Es Ian.

—Hola…

—Deberías tomarte el día —responde con rapidez—. Seguro estás cansada…

—Para nada —miento—. Me siento muy bien.

—Pero Masón…

—Sí, tengo que hablar con él y aclarar todo el asunto.

Se queda en silencio un minuto que parece eterno, luego añade.

—De acuerdo. Solo, recuerda que si necesitas algo, aquí estoy.

—Claro, eres mi asistente.

Resopla.

—Haces que me arrepienta de ser bueno contigo —bufa, haciéndome sonreír por primera y quizá única vez en el día—. Me llamas cuando estés cerca.

—De acuerdo.

Corto la llamada y por un instante pienso en lo bonito que sería que una vez en la vida Jared se preocupara al menos un poquito por mí como lo hace Ian. Aunque es demasiado pedir y claro, Ian es muy profesional en su puesto y por eso me apoya.

Enciendo la radio, pongo un poco de música y tratando de ignorarme a mí mente, me dirijo a la empresa.

☆゜・。。・゜゜・。。・゜★

Cuarenta minutos después dejo mi auto en el estacionamiento, cojo mi cartera y camino a paso seguro hasta la entrada del majestuoso edificio de brillantes ventanales azules. No obstante, apenas crucé la puerta, el aire comenzó a sentirse pesado y la seguridad de la que tanto me había costado rodearme esa mañana, se tambaleó. El silencio era quizá más profundo que el océano, mas golpeaba tan fuerte como una ola, y, a medida que avanzaba, el sonido de mis zapatos se escuchaba más pesado, pero no tan pesado como la sensación que quemaba mi nuca de tantas miradas encima, miradas que se clavaban cómo agujas y eran difíciles de ignorar. Cada paso me recordaba a lo sucedido ayer y aunque trataba de no prestar atención a los murmullos, acepto que fingir que no me afectaba era demasiado difícil.

«Solo tienes que llegar a la oficina y todo terminará» me repetía. Y lo logré, logré subir al elevador y una vez adentro solté todo el aire que no sabía que contenía en mis pulmones. Pensé que quizá las habladurías terminarían pronto, o eso esperaba. Ni hablar. Todo quedó claro cuando llegué a mi oficina y la vi…

Sentada en mi silla, frente a mi escritorio. En ese instante el silencio cambió de forma. Se convirtió en una sonrisa burlesca proveniente de unos labios pintados de rojo escarlata. Frente a mí, la mujer causante de que hoy fuera la mujer más odiada de la ciudad, quién sabe hasta cuándo. Tenía sus piernas cruzadas y su espalda recta. Miraba mis cosas con repudio, a la vez que su perfume invadía toda la oficina, como si se adueñara del mismísimo aire, y al verme, sonrió.

De nuevo aquella sonrisa que parecía decirme que podía aplastarme cuando quisiera, pero de manera extrañamente condescendiente. 

—Linda oficina —rodeó con la mirada—. Aunque yo le pondría otros arreglos. Ya sabes, para que no se vea tan aburrida.

—¿Qué haces aquí? —apreté los puños y traté de guardar la compostura—. ¿No fue suficiente con lo de ayer?

—En realidad no —Se levantó despacio de la silla y caminó con seguridad hasta donde yo estaba parada, o más bien paralizada —. No vine a provocarte problemas ni nada por el estilo. Pero debes saber que vine a recuperar lo que me pertenece.

Dio media vuelta y se sentó de nuevo en mi silla, solo que esta vez algo se sentía distinto. 

—¿Disculpa? —apenas pude decir. Aquello me parecía demasiado. Sus palabras se sintieron como dagas, las cuales al inicio no dolieron, solo me quitaron la respiración, y luego, cuando caí en cuenta, se clavaron en mi pecho con un dolor que desarma.

¿Recuperar? ¿Lo decía en serio?

—Como sabrás tuve que irme para cumplir mis metas. Desgraciadamente en aquel entonces Jared no figuraba en mis planes, puesto que sería una distracción y no iba a permitir que él se interpusiera en lo que yo quería —miró sus uñas por desgracia perfectas y prosiguió—. Admito que fueron muchos años perdidos entre nosotros y que tú fuiste un daño colateral bastante conveniente. Tú y yo sabemos que él solo se casó contigo porque su abuela le hizo un berrinche y amenazó con dejarlo sin nada, aunque eso ya no es problema. Así que, ya regresé, y vine para tomar mi lugar como su esposa… —Instintivamente llevé una mano a mi pecho. Cada palabra era un impacto seguro para mi corazón. Para Paulina yo solo había sido algo con lo que Jared se había “conformado” para mientras ella regresaba. Un capricho familiar y nada más—. Gracias por cuidar de mi hombre, mi hermoso Jared, mientras yo no estuve.

Pensé en cada una de sus palabras y me di cuenta de que si de algo podía presumir esa mujer, era de la seguridad con la decía las cosa, sin ningún miedo a reprimendas o a estar equivocada por sus palabras sin fundamento. ¿Quizá sí tenía un fundamento? Tal vez lo decía con tanta firmeza, porque no era una idea auto infundada, sino que alguien se lo había hecho creer de esa forma. ¿Podría ser posible que ni siquiera fueran palabras de ella, sino de Jared?.

A decir verdad la duda se pegó a mi mente como alquitrán. 

Al verme perdida en mis pensamientos, la chica carraspeó y chasqueó sus dedos cerca de mi rostro. No me di cuenta en qué momento se puso de pie y llegó a mi lado.

—Escucha, te propongo un trato. Tú firmas el divorcio y dejas todo. Te apartas sin exigir nada, y yo hablo bien de ti con los medios para que dejen de acosarte. Incluso puedo intervenir para que te asciendan, o no pierdas tu trabajo —sonrió altiva, cómo si saboreara despacio su inminente victoria—. Piénsalo, pero no te tardes.

Dicho aquello, se marchó, contoneando sus caderas con supremacía.

¿Y si aceptaba?

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