Mundo ficciónIniciar sesión[EVA]
Definitivamente era Jared a quien ví hace un momento.
El pecho me duele e intento recomponerme y no demostrar que aquello me ha afectado. Pero, al recordar cómo caminaba tan cálidamente al lado de Paulina, mi estómago instintivamente se revuelve una vez más.
—Yo…
—Tú en realidad solo eres un reemplazo con el que él se conformó pensando que podía olvidarme. Acéptalo —exclama la morena, aprovechando mi estrepitoso silencio —. Eres una persona sin importancia que se metió en nuestra relación. ¿Creías que te amaría algún día? ¡Por favor! Sin ningún tipo de rodeos, eres una ilusa.
Mis lágrimas amenazan con salir. He sentido cada palabra. La veo y solo puedo quedarme en silencio porque, quizá es verdad. Solo fue una pequeña ilusión mía. Solo fui un reemplazo.
Cómo si aquella humillación pública no fuera suficiente, todos los micrófonos y las cámaras se dirigen a mí y comienzan a amontonarse a mi alrededor, haciendo pregunta tras pregunta, que para ser honesta no puedo distinguir.
—¡Ya basta! —grita Ian, cubriéndome con su cuerpo para protegerme de los flashes de las cámaras, de los empujones y quizá de la sonrisa de triunfo de Paulina. Sin embargo, a pesar de que me aferra a su pecho, logro ver por un momento, mientras Paulina se cruza de brazos con satisfacción, el anillo que adorna el dedo anular de su mano izquierda.
Una vez más siento como mi corazón se estruja y los labios me tiemblan.
—Sácame de aquí —apenas puedo murmurar a Ian, que entre sacudidas de los otros reporteros y uno que otro manotazo, logra llevarme hasta el auto.
En mi mente todavía llevo la imagen del anillo de plata con un pequeño diamante rosa en forma de corazón… idéntico al mío…
Idéntico al de él , de Jared… A juego.
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—¿Estás bien? —Ian me mira con condescendencia.
No, pero no quiero que lo sepa.
—Por supuesto. Te veré mañana —Bajo del auto.
Dentro a paso lento a la casa y me dejo caer en el sofá.
Estoy cansada y no puedo comprender cómo de ser un día excepcional, terminó siendo todo un desastre.
Para rematar, apenas enciendo el teléfono comienzan a caerme mensajes de Mason, reclamando mi poco profesionalismo y la forma en la que arruiné la entrevista y dejé en mal a la revista.
Está furioso y yo la verdad no tengo ganas de aclarar nada.
Quizá solo necesite respirar profundo y divagar un momento en redes. Así que eso hago.
Mala idea.
Al abrir mi feed lo primero que veo es una foto de Paulina, radiante, y de Jared, acomodando su saco mientras va saliendo de la empresa, y más diminuta, pero editada con emojis vergonzosos, una foto mía en medio de la miniatura, con el título “La mustia que se metió entre la pareja más bonita del mundo” o otro que dice “De reportera del año a zorr@ del día: la mosquita muerta que separó al poderoso empresario Jared Martínez de su gran amor”
Y como esos, muchos más.
Dejo de lado el teléfono. Yo no me entrometí en esa relación. Creo.
Voy a la cocina y me sirvo un vaso con agua, luego en mi habitación me doy una ducha rápida y me dejo caer en la cama.
Dije que no más redes sociales por hoy. Aún así, siento la necesidad de meterme a I*******m una vez más, y lo que ahí me aparece, me aprieta el pecho de nuevo.
Marlon, el mejor amigo de Jared ha subido una foto en una especie de restaurante bar. En la foto están sentados varios de los amigos de Jared en una mesa redonda, en una de sus típicas reuniones a las que nunca fui bien recibida, y en el centro, Jared y… Paulina, sonriendo, con sus manos bastante cerca y en ellas… el juego de anillos de boda.
Aquello pesa, pesa más de lo que quisiera aceptar. Pero lo que duele más es ver cómo en aquella foto Jared se le ha quedado viendo a Paulina, de una forma que jamás me ha visto y seguro jamás me verá a mí. Con ternura… o quizá amor.
Por primera vez en dos años… dejo salir las lágrimas que estuve conteniendo.
Me permito caer.







