Mundo ficciónIniciar sesiónNARRADOR OMNISCIENTE]
¿Lastima? ¿Podría identificar aquello que estaba sintiendo como lastima? ¿Condescendencia? ¡Imposible! Ella solo era su esposa de nombre, aunque ni siquiera eso, incluso mostrarla en público bajo ese título parecía ser una carga muy pesada que prefería no cargar.
Pero algo había cambiado. Algo estaba sintiendo en ese momento que no lograba comprender, al ver cómo sus ojos se llenaron de lágrimas y parecieron rogarle que por lo menos una vez en lo que tenían de casados, la defendiera aunque fuera un poco.
Y aún así no lo hizo.
Aquello se sintió como un golpe gélido para ella y, sorpresivamente, también para él, que sintió la extraña necesidad de protegerla y tomarla entre sus brazos antes de que cayera al piso. No fue hasta que la voz de uno de sus socios comerciales lo devolvió a su eterna frialdad, que cayó en cuenta de lo que estaba haciendo y la soltó, dejándola caer de nuevo al suelo.
¿Qué estaba haciendo? Ella no era más que un nombre en un contrato por una presión familiar.
No le gustó la forma en la que Paulina la trató y en parte quizá por ello había reaccionado. Paulina también se había pasado y no podía quedar así. Pero él tampoco era menos culpable de aquella humillación y lo sabía.
Para rematar, su amigo Marlon había dado en el colmo de la dignidad de la chica.
—No pertenece a nuestro círculo social. Es una vergüenza.
Una parte de él quiso cerrarle la boca. Otra, la que al final ganó, decidió no hacer nada.
No era cobardía ¿Cierto?. Ella también podía defenderse sola. Eso era lo que Jared repetía en su mente para poder aliviar un poco lo que sea que estaba apretando su pecho en ese momento.
Eva parecía harta de esa situación, de esas personas y hasta de él. No pasó desapercibido para Jared la mirada de decepción que le dedicó antes de irse.
Le dió la espalda y entró al salón. Sin embargo, chasqueando sus dedos llamó a uno de los asistentes del evento y le pidió que la siguiera.
No comprendía del todo porqué, pero sabía que no quería que algo malo le pasara en ese estado.
No quería sentirse responsable. Eso debía ser.
—Síguela y asegúrate de que llegue a salvo —ordenó.
—Claro, señor.
Aquello de alguna forma lo hacía sentir mejor y no era capaz de comprender por qué se estaba preocupando tanto por esa mujer, .
Decidió ignorar la situación por un par de horas, pero algo detuvo sus planes. La llamada que cayó en su móvil en ese momento.
—La señorita llegó bien a casa, pero lanzó el vestido y los zapatos a la basura.
Un toque de enojo aterrizó en su pecho, mezclado con un poco de extraña comprensión.
¿Tanto así le había afectado?
¿Qué tan mal estaba para tirar todo de esa forma? ¿Y si solo era un berrinche para llamar su atención?
Trató de ignorarlo, pero se dió cuenta de que no podría.
—Bien. Voy para allá.
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[EVA]
Durante todo el camino intenté contener la humedad en mis ojos. Cómo imaginé, a Jared no le importó que me marchara de su preciado evento, así que era de esperarse que tampoco me fuera a dejar o enviara a alguien por mí. Ahora me sentía un poco, o más bien bastante tonta, por creer por un segundo que algo había cambiado entre nosotros.
Tomé un taxi para llegar a mi casa. “Mi casa”. En realidad, aquel lugar nunca se había sentido como un hogar.
Al fondo, en la cabina del auto, se escucha por la radio cotilleos de personas famosas o importantes del país y por supuesto que Paulina y Jared siguen estando en el foco. Pero la verdad es que ya no me afecta como pensé que lo haría.
—Llegamos —informa el chofer del taxi.
—Gracias —le pago el viaje y trato de salir del vehículo, sin esperar que estos tontos zapatos me hagan trastabillar de nuevo.
—Le ayudo —dice el chofer, saliendo del auto para extenderme la mano y ayudarme a bajar.
—Gracias —repito. Aunque esto pega de frente con mi realidad. Hasta un desconocido ha sido más amable esta noche que mi propio esposo.
Apenas entré a la casa lo primero que hice fue quitarme esos zapatos del asco, luego en mi habitación me quité el vestido, pues sentía que cada segundo más con eso puesto me asfixiaba más. Aquello solo era el recordatorio de todas las burlas que había recibido esta noche. Me lo quité como si al hacerlo tratara de respirar y olvidarme de todo. Era el constante recordatorio de la basura de noche que había pasado y era ahí donde esas cosas pertenecían, por tanto ahí las aventé.
Arrugué con fuerza el vestido y tomé los zapatos y lo tiré todo en el basurero que estaba en la planta baja. Noté las miradas de algunos de los sirvientes que Jared había contratado. Creo que pensaron que estaba loca.
En ese punto yo tampoco me sentía tan cuerda, o era quizá que se estaba encendiendo una pequeña chispa de valor para hacer lo que había postergado tanto tiempo.
Era momento de tomar caminos diferentes.
Supongo que cuando dicen que hay decisiones que hay que discutirlas con la almohada, no es del todo mentira. Me lancé en la cama y me hice ovillo entre mis sábanas. Esto nunca tuvo ni pies ni cabeza, pues yo solo había sido un objeto para Jared. Alguien que usó para guardar las apariencias. Pero nadie que consideraba importante.
Solo lamentaba haber tardado tanto en darme cuenta.
Un momento después, la persona que menos esperaba, entró por la puerta.







