Mundo ficciónIniciar sesión[EVA]
Ahí estaba yo de nuevo, cediendo ante las peticiones de Jared sin entender muy bien cuáles eran sus intenciones o qué era lo que pasaba por su cabeza. ¿Le importaba? ¿Lo hacía para remediar un poco la humillación de ayer? Quizá solo quería conservar una pantalla. Después de todo, eso éramos. Una simple e inútil pantalla.
Cómo sea, momentos después de que Paulina se marchó, mi teléfono sonó. Era él.
Jared.
—¿Sí?
—Me acompañarás a la cena de esta noche—informó autoritario. Sin darme espacio para refutar. Era una orden y punto—. El estilista llegará pronto por ti y más te vale que cooperes —cortó la llamada.
Con eso me quedaba claro que para arreglar las cosas entre nosotros no era por lo que me había invitado a dicho evento. O quizá me estaba adelantando a los hechos y como siempre, mi mala costumbre de sobrepensar las cosas.
En fin, el estilista no tardaba en llegar.
Y así fue. Poco menos de una hora después, Carlo, el estilista, estaba ahí, haciéndome un peinado que poco iba conmigo, dándome un vestido revelador que me hacía sentir como si fuera otra persona, y ni hablar de los zapatos. Eran demasiado altos y lejos de mi gusto. Pero eran sus órdenes y nada había que yo pudiera decir.
Por un segundo pensé que quizá todavía me consideraba su esposa, aunque fuera de nombre. Que él hecho que me invitara por primera vez a un evento público era porque en el fondo me tenía al menos un poquito de estima. No obstante al recordar la foto de él mirando a Paulina y las palabras tan seguras de ella esta mañana, en mi pecho se instalaba de nuevo la desilusión.
Una vez estuve “lista” podría jurar que la mujer en el espejo no era yo. La ropa era hermosa y según una de las asistentes de Carlos, me miraba perfecta. Solo pude devolverle una sonrisa de amabilidad que no llegaba a mis ojos.
Palpé con mis manos temblorosas la tela, me quite luego los anteojos y ahogué un pequeño suspiro. Esa no era yo. ¿Qué pretendía Jared con esto? ¿Por qué de pronto tanta dedicación? ¿Por qué de la nada recordar mi existencia?
Quizá era su forma de mostrar una imagen pulida de algo que en definitiva, no existía entre nosotros. O bueno, hasta ahí, simplemente no existía.
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Llegué al salón donde se llevaría a cabo la cena alrededor de las 07:00 PM, apenas entré logré divisar al elegante e imponente hombre que todavía podía llamar “mi esposo”. Estaba nerviosa.
Al verme, una chispa de algo brilló en sus ojos. Podría jurar que su expresión fría se suavizó un momento y hasta parecía sorprendido. Fue apenas un efímero momento, puesto que aquellos terribles zapatos me hicieron tropezar con la alfombra y al levantar de nuevo la mirada, la frialdad de sus ojos había vuelto. A mí alrededor, risas provenientes de todos lados y en su rostro un atisbo de vergüenza.
Las risas cesaron de pronto. Los flashes, los halagos. Paulina había llegado haciendo su entrada triunfal. Cómo siempre, vestida como una reina. Impecable y soberbia.
Y ahí estaba de nuevo esa mirada… Pero no era para mí.
La morena se acercó a nosotros “Para saludar” con su sonrisa que la hacía parecer un ángel. Nada más lejos de la realidad.
—Qué alegría verte, Eva —murmuró, con tono burlesco—. Pero cuidado, esos zapatos no parecen tuyos. Podrías resbalar y sería una pena.
Una vez más fui rodeada por murmullos, risas burlonas y miradas desdeñosas. Hasta ese punto todavía sentía que podía soportar y mantener mi mirada en alto.
Entonces, Paulina sonrió y adrede o probablemente a propósito, pasó empujándome el hombro, haciendo que sintiera que el piso se movía bajo mis pies y me tambaleara. En el momento que estuve a punto de tocar el suelo, me sentí rodeada por unos brazos fuertes que evitaron que cayera de trasero.
Todo pasó tan rápido.
Flashes, más risas, la calidez del agarre de alguien a quien no pude verle el rostro y mi nombre saliendo en un susurró de unos labios que tocaban el borde de mi oído. Mis nervios estaban a flor de piel y entonces… silencio una vez más.
Un silencio que asfixiaba.







