Victoria salió del despacho del licenciado con una mezcla agotadora de cansancio, miedo y claridad que todavía no sabía cómo sostener.
—¿Puedes caminar? —preguntó Adrián en voz baja.
—Sí.
La respuesta salió por costumbre, no porque fuera cierta, y cuando intentó enderezarse para avanzar, apenas alcanzó a dar dos pasos fuera de la entrada antes de que las piernas dejaran de responderle; Adrián la sostuvo antes de que pudiera caer.
—Victoria.
Su voz se quebró apenas, pero sus brazos no dudaron. L